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Crece la presión en Francia contra la bajada de impuestos

Crece la presión en Francia contra la bajada de impuestos
Crece la presión en Francia contra la bajada de impuestos

Con la larga campaña electoral francesa para las elecciones presidenciales de abril de 2007 llega el debate sobre los impuestos. Los dos grandes presidenciables, el conservador Nicolas Sarkozy -todavía ministro de Interior- y la socialista Ségolène Royal han elevado la fiscalidad a uno de los principales temas de campaña y de enfrentamiento. Lo menos previsible era la aparición, a contracorriente, de un grupo de intelectuales, profesionales y políticos orgullosos de pagar impuestos.

Sin gran sorpresa, el impetuoso candidato Sarkozy propone una masiva reducción de impuestos, en concreto del impuesto sobre la fortuna, aplicable a patrimonios de más de 760.000 euros. La respuesta del Partido Socialista vino entonces de la mano de su secretario general, François Hollande, también compañero sentimental de Royal. Su propuesta: aumentar el impuesto sobre la renta de aquellas personas cuyos ingresos mensuales fueran equivalentes o superiores a 4.000 euros. Ante la polémica que aquella idea generó, Royal reculó con gran precipitación para asegurar que no habrá fiscalidad nueva que desmotive 'el trabajo y el esfuerzo'.

Ante aquella ofensiva fiscal, sobre todo por las propuestas de Sarkozy, la revista mensual Alternativas Económicas (con una difusión de 102.000 ejemplares y 926.000 lectores reales) decidió lanzar el manifiesto Por qué aceptamos el impuesto, 'una iniciativa para abandonar la visión reinante del impuesto como un castigo, y para luchar contra la demagogia fiscal de esta campaña electoral', explica Philippe Frémeaux, director de la publicación.

'Estamos orgullosos de nuestra contribución a los gastos públicos necesarios para el progreso', afirman los promotores de la iniciativa

La iniciativa, a la que se han sumado personalidades como Jacques Delors, ex presidente de la Comisión Europea, ha recogido hasta ahora 36.470 firmas de profesores, funcionarios, abogados, empresarios, consultores, periodistas, ingenieros, juristas, cuadros financieros, filósofos, economistas, etcétera. Un amplio abanico de la sociedad francesa que considera el impuesto legítimo: 'estamos orgullosos de aportar nuestra contribución a los gastos públicos necesarios para el progreso, la cohesión social y la seguridad de la nación', se recoge en el manifiesto.

'Esto no quiere decir que seamos hostiles a las reformas fiscales', explica Thierry Pech, secretario general del think tank La República de las ideas, encargado de recoger apoyos para el proyecto en el país de mayor presión fiscal en Europa que genera un alarmante descontento de la clase media.

'Ver a los candidatos a la presidencia proponer medidas fiscales demagógicas y justificar la secesión fiscal de los más ricos nos consterna', según los firmantes y en alusión a la propuesta de Sarkozy de exonerar al 95% de franceses del impuesto sobre la fortuna. Los seguidores de la iniciativa consideran el gasto público, no sólo como un gasto, sino como una inversión. Según ellos, 'determinadas reducciones de la fiscalidad tendrían como contrapartida la insuficiencia de medios para la protección social de los más pobres, la educación, la investigación, la salud, la vivienda o el medio ambiente'.