COLUMNA

Empresas acosadas

De cuando en cuando se organizan campañas contra alguna empresa o sector empresarial. Ralph Nader en Estados Unidos es un buen ejemplo. Ganó publicidad y notoriedad cuestionando un modelo de la General Motors porque era 'peligroso a cualquier velocidad' y después siguió con otros productos y marcas apoyándose en una organización creada ad hoc para esa finalidad. Más tarde amplió sus exigencias instando a las empresas a que actuaran de acuerdo con su concepción de un 'comportamiento responsable'.

En algunos casos hay cierta base objetiva para la campaña, en otros no, como en el episodio de acusar -y boicotear con éxito- a una petrolera por el hundimiento de una plataforma de prospección en la que se dijo que había un volumen de crudo diez veces superior al real. La organización instigadora del boicot reconoció más tarde el error de cálculo, pero el daño quedó hecho y no hubo compensación alguna. Esa asimetría permite perjudicar impunemente, lo que facilita actuar en nombre de principios proclamados, pero con comportamientos irresponsables, pues no se asumen las consecuencias de la actividad realizada.

En la actualidad una empresa responsable y transparente de acuerdo con todos los criterios, la farmacéutica Novartis, está siendo presionada para que retire una demanda contra el Gobierno indio por la negativa a registrar la patente de su medicamento oncológico Gleevec (o Glivec, según los países), que es un tratamiento contra la leucemia mieloide. La negativa se basa en que la sustancia básica, el imantinib, fue patentada en 1993, y la forma beta cristal del mesilato de imantinib, que permite la absorción por vía oral y es la única que se comercializó, se patentó en 1998. Novartis la presenta como innovación incremental y así ha sido aprobada en 36 países pero, como la ley india sólo permite patentar sustancias registradas a partir de 1995, el Gobierno -mejor dicho, una instancia de su Administración- alega que la segunda no es lo bastante innovadora como para justificar la patente.

Se afirma que sin patente los medicamentos se fabricarían como genéricos y eso ayudaría a los pobres. La realidad tiene dos facetas complementarias y opuestas a esa afirmación. La primera es que Novartis la regala en los países pobres (igual que hace con fármacos contra la malaria, la lepra y varias enfermedades tropicales), incluyendo India, donde el 99% de los tratamientos se ofrece sin coste a través de los médicos. La segunda es que el precio del genérico para tratamiento de un año está muy por encima del sueldo medio en la India.

La presión contra Novartis evidencia el doble enfoque de las sociedades occidentales. Por una parte, un nivel de vida y seguridad conseguida a través de instituciones como el mercado, la empresa libre, el respeto a la propiedad (incluyendo la intelectual), la ley y los contratos pero, por otra parte, hay una crítica de la situación de los países no desarrollados y la de los pobres de los países avanzados imputando ésta a las deficiencias del sistema.

Frente al cálculo objetivo de lo posible en cada momento está la utopía que valida sus acciones por la deseabilidad de sus fines, sin valorar el tiempo, el coste y la corrección de las acciones que permiten conseguirlo. Frente a quien piensa en hoy y mañana, en la inversión y el esfuerzo, está la reclamación del aquí y ahora sin considerar las implicaciones directas e indirectas. Frente al realismo maduro que valora las opciones según sus méritos está el prejuicio que descalifica. Frente a la apelación a los principios, la legalidad y la justicia está la presión. Frente al beneficio obtenido dando cosas que valen más de lo que cuestan se opone el altruismo proclamado y la abominación de la ganancia. A resultados efectivos y constatables se opone la simple descalificación más o menos indignada.

La empresa y el mercado sólo arraigan y prosperan en el Estado de derecho y bajo el imperio de la ley, cuyo cumplimiento preciso y sin arbitrariedad facilita la inversión que da rendimientos a largo plazo. Sin eso sólo cuenta el aquí y el ahora, ni se siembra ni se invierte ni se contrata. El beneficio obtenido curando a los demás, reinvertido en nueva investigación y usado para regalar terapias efectivas es motivo de honra para la empresa que lo hace y la sociedad que la acoge.

Joaquín Trigo. Director ejecutivo de Fomento del Trabajo Nacional