EDITORIAL

La temperatura del mercado

Los mercados financieros de renta variable acumulan desde verano subidas ininterrumpidas y los episodios de volatilidad prácticamente han desaparecido. De hecho, índices prestigiosos como el S&P 500 norteamericano registra las oscilaciones más limitadas de los últimos 40 años. Las valoraciones alcanzadas ya por los índices y las compañías que los componen, que en el caso de España suponen máximos históricos, comienzan a impregnar de vértigo a los inversores. No obstante, un repaso a los fundamentales de las empresas y al paisaje macroeconómico invita a renovar la apuesta por la renta variable también para este año, pese a que en los dos primeros meses del ejercicio las acciones han absorbido ya buena parte de las ganancias estimadas para 2007.

La economía mundial crece más del 5%, y lo hace de forma casi homogénea, con las inevitables diferencias de ritmo entre las economías emergentes y las maduras, y los temores del encarecimiento de las materias primas, especialmente del petróleo, totalmente amortizados. Los tipos de interés siguen siendo muy atractivos para los emprendedores tanto en el área dólar como en Europa y Japón. Los beneficios empresariales, como consecuencia de todo ello, siguen arrojando incrementos muy elevados, aunque haya sectores enteros en revisión, como el automovilístico en Estados Unidos, por la irrupción de los países emergentes. Por tanto, un horizonte despejado que invita al optimismo. æscaron;nicamente la situación geopolítica puede deparar sorpresas que condicionan, como siempre lo han hecho, la buena marcha de la economía mundial.

Con este escenario, en los dos primeros meses del año los analistas se han visto obligados a revisar los precios objetivos de buena parte de las compañías que componen el índice selectivo español, que, con la salvedad del alemán, sigue siendo el más rentable de los grandes países europeos. El consenso generalizado es que las valoraciones pueden estar sobrepasadas en compañías de pequeño tamaño, mientras que las grandes conservan aún márgenes razonables de revalorización, aunque en ellas haya que descartar siempre la prima que proporciona la posibilidad de ser absorbidas en una operación de consolidación.

El fondo de mercado sigue siendo alcista, aunque, a veces, como ha ocurrido en el pasado, los inversores tengan la sensación de que los precios objetivos corren detrás del mercado, o viceversa. De ahí la resistencia a recortes significativos en los precios de las acciones, pese al rally acumulado desde el mes de septiembre, que en el mercado español supone un encarecimiento de las compañías de más del 30%. Las sobrevaloraciones de otro tipo de activos, como los inmobiliarios, drenan flujos más intensos de dinero para los mercados puramente financieros.

Pero la cautela es condición imprescindible también ahora. Diversificar la cartera, sectorial y geográficamente, y confiar parte del riesgo a instrumentos ajenos a la renta variable, más defensivos, son precauciones tradicionales cuando los niveles de precios generan vértigo. Las decisiones deben ir acompañadas, en todo caso, de un asesoramiento lo más profesionalizado posible.