La opinión del experto

No traicionéis vuestro talento

Juan Carlos Cubeiro anima a seguir aprendiendo, a no temer a los desafíos y a las adversidades, pero sobre todo al fracaso, el principal elemento paralizante para acometer nuevos retos.

En la deliciosa película Miguel & William, escrita y dirigida por Inés París, éste es precisamente el consejo final que Leonor, la prometida del duque de Ovando (magistralmente interpretada por Elena Anaya), le da a sus amigos Miguel de Cervantes y William Shakespeare. Ciertamente, la vida de los dos mayores genios de la literatura universal, de los autores de El Quijote y Hamlet, no fue precisamente un camino de rosas, pero fueron capaces de superar las adversidades y de ofrecer su obra al mundo. El talento se aprovecha o se traiciona. La doctora Carol Dweck, profesora de la Universidad de Stanford y una autoridad en Psicología del Desarrollo, acaba de publicar The power of mindset, aquí mal traducido por La actitud del éxito, con lo que parece uno de tantos textos de autoayuda al uso con soluciones milagrosas que invaden nuestras librerías. Y sin embargo no es así.

A lo largo de más de veinte años, Carol Dweck ha comprobado que las personas contamos con una de dos mentalidades: la fija (el talento como don; esto es, se tiene o no se tiene) y la de crecimiento (el talento como esfuerzo; un talento que se alcanza o no). Esta diferencia lo determina todo. 'La visión que tenemos de nosotros mismos afecta en profundidad a nuestra forma de gobernar nuestra vida'. Y esto, que parece tan nuevo, es el centro de la filosofía budista, con 2.600 años de antigüedad: 'Creamos el mundo con nuestros pensamientos', para bien y para mal. Es la esencia de la libertad y de la responsabilidad.

Los partidarios de la mentalidad fija (que son la mayoría, por el modelo social y el sistema educativo que nos ha tocado sufrir) rechazan inconscientemente, sin darse cuenta, las oportunidades de aprender. Como creen que la inteligencia viene dada, está 'empaquetada', se hunden ante los errores y malos resultados. El fracaso pasa de ser una consecuencia (he fracasado) a convertirse en toda una identidad personal (soy un fracasado, pertenezco a los fracasados, yo soy así).

Los partidarios de la mentalidad fija, que son la mayoría, rechazan las oportunidades de aprender

Ante el temor al fracaso, los de mentalidad fija prefieren una vida cómoda y sin desafíos. Que decidan otros por uno mismo. Van por la vida de turismo. Los que creen en el crecimiento (y lo practican día a día) se enfrentan a las adversidades, las superan y siguen adelante. Saben que la vida es toda una aventura que se ha de vivir intensamente.

Malcolm Gladwell, periodista de The New Yorker y autor de libros de éxito, sugiere que, como sociedad, valoramos los logros naturales y que se consiguen sin esfuerzo por encima de los retos que se consiguen a través del esfuerzo. Miramos a los deportistas de élite o a Christopher Reeve como una excepción y no como la pauta de desarrollo humano. El inolvidable protagonista de Superman dio su verdadera dimensión como ser humano cuando se propuso recuperar el movimiento tras partirse el cuello en 1995 (los médicos insistían que era un caso perdido). En los deportistas de élite buscamos talentos especiales, inamovibles, y mitificamos el liderazgo como una cualidad innata. Y, sin embargo, tanto Reeve como las vidas de cualquier deportista o artista, pienso en pintores como Pollock, en escritores como Proust, en músicos como Elvis Presley o Ray Charles, en científicos como Charles Darwin, nos enseñan una y otra vez que, respecto al talento, convertirse es más importante que ser.

En la mentalidad fija todo gira en torno al resultado. En la de crecimiento, el talento se cultiva, se libera, se aprende a reconocer los puntos fuertes y a actuar de verdad sobre las oportunidades de mejora. Europa, en concreto, tiene una enorme oportunidad en este sentido. Ángela Merkel, presidenta de la Unión Europea de los 27 este semestre, la expuso el pasado 17 de enero en la sesión inaugural del Parlamento europeo. Talento, tecnología y tolerancia como bases de la nueva Europa, que apuesta por la innovación sin abandonar el bienestar. El fomento de la curiosidad, que nos es tan propia, a través de la tolerancia, del debate sin confrontación. Un modelo de unión desde la libertad y la voluntad de superarse.

La idea de talento propia de la mentalidad de crecimiento no admite excusas. No se deja enchufar a la televisión horas y horas para no aprender nada, para que otros vivan la vida de uno. No entrega su existencia a un 'gran hermano' para estar cómodo en la butaca, sino que se atreve a ser feliz por sí mismo, a partir del esfuerzo diario. Ya nos lo decía aquella profesora de la película de Alan Parker (y de la teleserie posterior): 'La fama cuesta. Y aquí es donde vais a empezar a pagar'. Como padres, como maestros, como entrenadores, como jefes, como amigos, hemos de establecer estándares exigentes y a la vez ser cercanos y cariñosos, valorando el esfuerzo, el avance, por encima de los resultados en cada momento.

No deja de ser curioso que sea precisamente el talento femenino (la cineasta Inés París, la psicóloga Carol Dweck, la presidenta Ángela Merkel) el que confluya en esta idea de crecimiento. Será porque las mujeres nunca lo han tenido fácil en esto de ser reconocidas por su talento. Pero ha llegado la hora. Es evidente. La hora de aprovechar el talento por encima de géneros, de etnias, de edades, de experiencia. La hora de no traicionarlo nunca más.

Juan Carlos Cubeiro. Director de Eurotalent