COLUMNA

El euro cumple años

El euro acaba de cumplir cinco años desde su llegada a los bolsillos de los europeos, y con cada aniversario reafirma cómo era posible crear y mantener una moneda estable dentro de una economía heterogénea. Es la opinión del autor, que analiza las conclusiones del último Eurobarómetro que parecen ir contra esta percepción.

El euro acaba de cumplir cinco años desde su llegada a los bolsillos de los europeos, y con cada aniversario reafirma cómo era posible crear y mantener una moneda estable dentro de una economía heterogénea. Es la opinión del autor, que analiza las conclusiones del último Eurobarómetro que parecen ir contra esta percepción

El euro ya tiene una edad. Con cada cumpleaños la moneda única reafirma que era posible crear y mantener una moneda estable y formular una política monetaria única para una zona económica heterogénea. Más concretamente, que es posible la cohabitación de la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE) con las políticas fiscales nacionales de 12 países (ahora ya 13, tras la incorporación de Eslovenia el pasado 1 de enero).

Sin embargo, según una encuesta realizada por Gallup para el Eurobarómetro de la Comisión Europea y publicada recientemente, una buena parte de los europeos de la zona euro siguen pensando que la moneda única no les resulta satisfactoria. De hecho, en 2002 el 29% de los encuestados pensaban que el euro presentaba más inconvenientes que ventajas, en septiembre de 2006 esta cifra se ha elevado hasta el 38%, mientras que los que piensan que el euro es una cosa buena disminuyen del 59% hasta el 48%. En España, si bien la percepción es mejor que la media de los Doce (55% ven más ventajas que inconvenientes), su imagen ha empeorado desde el 2002 en seis puntos porcentuales.

Para los que encuentran más inconvenientes que ventajas en el euro, lo que resulta más criticable de la moneda única es el efecto que ha tenido sobre los precios. El 81% piensa que el principal y prácticamente único inconveniente de la introducción del euro es la subida de precios.

Este hecho no debe sorprender, puesto que nada menos que el 93% de todos los encuestados opina que el euro ha sido un elemento que ha incrementado la subida de los precios. En España, el porcentaje aumenta hasta el 97%. Teniendo en cuenta nuestro diferencial de inflación con la zona euro, da la impresión que los españoles encuestados tienen una percepción coherente con las realidades.

A juicio del comisario Joaquín Almunia, en un comunicado publicado el 28 de diciembre, persiste cierta percepción errónea de los efectos inflacionistas de la moneda única. Esta percepción no se correspondería con los bajos índices de inflación registrados en la zona euro. Índices de inflación y tasas de interés que han alcanzado mínimos nunca imaginados en numerosos países, entre ellos España.

Para Almunia, los beneficios del euro son muchos: protección contra las crisis cambiarias, reducción de los precios de los productos importados gracias a la fortaleza de la moneda, desarrollo del mercado de capitales y de los recursos financieros dentro de la zona euro que ha reducido su dependencia exterior, facilidad del uso de la moneda común en los viajes y mayor transparencia de precios que favorece una mayor concurrencia en los mercados.

Los encuestados por el Eurobarómetro reconocen que el euro facilita los desplazamientos al extranjero, en especial cuando tienen lugar dentro de la zona euro y no resulta necesario cambiar moneda. Para los españoles, cuando vamos a países no europeos, resulta ya innecesario utilizar el dólar como moneda puente para obtener divisas del país de destino y soportar dobles comisiones de cambio.

La percepción de los encuestados de que el euro tiene un rango internacional equivalente al dólar o al yen se corresponde con el comportamiento de las divisas mantenidas como reservas por los bancos centrales. Según las estadísticas publicadas por el Fondo Monetario Internacional, la cuarta parte de las reservas internacionales están denominadas en euros. Este porcentaje ha ido creciendo en detrimento del dólar y del yen. Es de prever que esta tendencia se fortalezca en el futuro. Anuncios favorables al aumento de las tenencias de euros como moneda de reserva han sido formulados por varios países.

De todo ello los europeos encuestados no sacan conclusiones chauvinistas, ni siquiera consideran que el euro sea un elemento de cohesión entre sus países, pero afirman que un euro fuerte aumenta su poder de compra frente al resto del mundo.

La supremacía del dólar como moneda de reserva se deteriora, no sólo como consecuencia de la necesidad de diversificar sus divisas de reserva que tienen los bancos centrales, sino también como respuesta al amplio y persistente déficit de la balanza de pagos de EE UU. En este contexto, el euro es sin duda el principal candidato para ser usado como alternativa al dólar en un proceso de diversificación de riesgos. El peso económico de la zona euro, la estabilidad de sus precios, la disciplina fiscal a la que están comprometidos sus Gobiernos y el comportamiento coherente del BCE en la gestión de la política monetaria soportan esa decisión.

En contra hay que señalar que las perspectivas de crecimiento y los niveles de desempleo en la UE y EE UU no son equivalentes y la economía norteamericana presenta un dinamismo aparentemente inalcanzable para la europea. Además, los problemas comerciales de Europa con China y los déficits comerciales que conllevan es probable que se acentúen en el futuro. Ello puede afectar a la fortaleza del euro respecto del dólar. Es difícil aventurar qué moneda será más fuerte en el futuro.

Francisco de Vera. Economista