EDITORIAL

Cantidad envidiable y calidad mejorable

El balance del empleo en 2006 es excelente. La creación de ocupación, que es la síntesis más sensible de la actividad económica para la sociedad, superó las 600.000 personas, según el registro de cotizantes de la Seguridad Social. Este avance, que supera los 750.000 si se eliminan las variaciones estacionales, es el más generoso de los últimos seis años, en correcta consonancia con la evolución de la economía, acelerada en el último semestre del año.

En términos cuantitativos la ocupación ha mostrado incluso una aceleración en los últimos años, pese a que ya crece menos que el PIB. Pero, como no podía ser de otra manera, replica fielmente el diseño del modelo de crecimiento, y se concentra en aquellos sectores con baja productividad y con remuneraciones más modestas. Así, la construcción y actividades aledañas, y los servicios de bajo valor añadido absorben prácticamente dos de cada tres nuevos empleos, y lo concentran de forma masiva entre población inmigrante. La industria, por su parte, pese a haber frenado la sangría iniciada en 2001, únicamente ha sumado unos cuantos miles de cotizantes. Por tanto, la calidad de la ocupación no brilla como la cantidad.

No obstante, en los últimos meses se ha producido un esperanzador trasvase de trabajadores temporales a fijos, espoleados por el programa de bonificaciones del Gobierno, así como un crecimiento interesante de la contratación fija de nuevos trabajadores. Los gestores de la Seguridad Social aseguran que en el régimen general, donde están de alta prácticamente todos los asalariados del país, el descenso de la tasa de temporalidad ha sido de unos cuatro puntos en el segundo semestre del ejercicio.

El cambio regulatorio algo ha tenido que ver con este movimiento. Pero la temporalidad no está resuelta, y la eliminación de la bonificación a la conversión de temporales en fijos podría estancar de nuevo el fenómeno. Los cambios normativos no solventarán el problema. Sólo un giro de modelo productivo puede lograrlo. Pero tal cosa no se muda de la noche a la mañana.