Lealtad, 1

La balanza de riesgos

Hace algo más de un año se empezó a extender en el mercado la idea de que el principal riesgo que los inversores debían conjurar a lo largo de 2006, un ejercicio que se presumía más complicado que 2005, era la inflación. Los tipos de interés, se pensaba, iban a dejar de subir más pronto que tarde -aunque por aquel entonces parecía importar más el rostro del presidente de la Fed que sus decisiones- pero una escalada de los precios podría dar al traste con el cuento de la lechera. Menos actividad corporativa, menos beneficios y menos rentabilidad real.

Sin embargo, a lo largo del año los tiros no han ido por ahí. A pesar de sustos puntuales como el del mes de mayo, la inflación en Estados Unidos, que es al final quien dice a qué se juega, ha permanecido, si no baja, sí controlada en apariencia. Y las expectativas de inflación, que probablemente sean tanto o más importantes como el propio dato de IPC, se mantuvieron controladas, a juzgar por lo ocurrido en los mercados de deuda, divisas y renta variable.

Ahora que el debate del mercado versa alrededor de la violencia del aterrizaje de la economía de Estados Unidos, la inflación pasa a un segundo plano. Se trata de dos preocupaciones incompatibles, esto es, temer que el país va a perder su dinamismo y que los precios van a subir demasiado rápido.

Con todo, el comunicado de ayer de la Fed mantiene una reserva sobre la evolución de los precios que deja abierta la puerta a nuevas subidas de tipos. Incluso hay un miembro del comité que vota a favor de poner el dinero un poco más caro.

En este contexto no es una mala noticia. Que la preocupación de Ben Bernanke esté inclinada hacia el lado de los precios implica que el crecimiento preocupa menos. No se sabe si mucho o poco, sólo que menos. Y eso es algo que en teoría debería tranquilizar a los inversores. Por el momento el riesgo de un aterrizaje demasiado violento no es el más acuciante, pues no conviene olvidar que la Reserva Federal, al contrario que el Banco Central Europeo, tiene una visión de la economía no unívoca, y no sólo focalizada en el dichoso 2% de inflación que tienen como único objetivo los señores que ocupan un espléndido edificio a orillas del río Main.