COLUMNA

El paro sigue descendiendo

La tasa de paro ha bajado en España hasta un nivel desconocido desde 1979. El autor analiza el mercado de trabajo y asegura que el elevado crecimiento del empleo, similar al del PIB en volumen, beneficia sobre todo al asalariado y, a pesar del aumento de la tasa de temporalidad, más al empleo indefinido que al temporal

Según la Encuesta de Población Activa (EPA), en el tercer trimestre el paro disminuyó en 72.000 personas, debido a que el aumento intertrimestral del empleo (202.500) ha superado al de la población activa (130.500). Este buen comportamiento trimestral del empleo y el paro no sólo ha sido fruto de los factores estacionales, relacionados con el turismo, propios del tercer trimestre, ya que si esas dos variables se desestacionalizan la primera sigue aumentando (165.500) y la segunda disminuyendo (48.900).

Como consecuencia de la evolución trimestral del paro, su tasa mantiene una tendencia decreciente, hasta situarse en el tercer trimestre en el 8,1%, 3,4 puntos menos que en el primer trimestre de 2004, periodo en el que se celebraron las últimas elecciones legislativas, y la tasa más baja desde el último trimestre de 1978.

En términos interanuales, en relación con el mismo periodo del año anterior, el empleo mantiene en el tercer trimestre, un elevado ritmo de crecimiento, el 3,7%, similar al del PIB real, aunque inferior en cinco décimas al del trimestre previo. Este crecimiento es superior en los asalariados (3,9%) que en los no asalariados (2,6%).

Dentro de los asalariados, y en un trimestre, el tercero, en el que existen factores estacionales, relacionados con la temporada veraniega, que favorecen la contratación temporal, el empleo de este tipo crece (4,5%) más intensamente que el indefinido (3,6%), por lo que la tasa de temporalidad se eleva en dos décimas, hasta el 34,6%, también dos décimas por encima que un año antes.

Ahora bien, existen varias razones que explican que la evolución de la tasa de temporalidad no es tan negativa como pudiera derivarse del aumento de dos décimas en el tercer trimestre.

La primera, que pese a la estacionalidad de la contratación temporal en los terceros trimestres, el aumento de la tasa de temporalidad es muy inferior al de los años anteriores (1,1 puntos en 2004 y un punto en 2005). La segunda, que, al contrario de la que venía ocurriendo en los dos trimestres anteriores, el empleo indefinido, que incluso había disminuido en el segundo trimestre, crece más en el tercer trimestre (371.400) que el empleo temporal (245.000). Y, la tercera, relacionada con la anterior, que el empleo indefinido se acelera en el tercer trimestre en un punto porcentual (del 2,6% en el trimestre anterior al 3,6%), mientras que el temporal se desacelera muy notablemente, en 3,4 puntos (desde el 7,9% al 4,5%).

Estas razones se confirman con los resultados de la contratación registrada en las oficinas de empleo en los últimos meses, al aumentar en octubre el porcentaje de contratos indefinidos sobre el total de contratos registrados hasta el 13,2%, el más elevado de toda la serie histórica, con la única excepción de mayo de 1988 y, lo que todavía es más importante, con los datos de afiliaciones a la Seguridad Social también de los últimos meses, más en concreto desde la plena entrada en vigor de la última reforma laboral el pasado uno de julio.

En efecto, según los datos de afiliaciones a la Seguridad Social, los afiliados con contrato indefinido han crecido a lo largo del tercer trimestre en 221.869 (el cuádruple que en los tres años precedentes), en contraste con el descenso en esos tres meses de los afiliados con contrato temporal en 21.454. Por el contrario, en el mismo periodo del año anterior, el aumento de los afiliados con contrato temporal (50.909) fue ligeramente superior al de los afiliados con contrato indefinido (50.608).

Este mejor comportamiento de los contratos indefinidos que los temporales, tanto con los datos de empleo de la EPA como de los contratos registrado en las oficinas públicas de empleo y las afiliaciones a la Seguridad Social, parece relacionarse con los efectos de la reforma laboral de 2006, en particular del programa extraordinario de conversiones de empleos temporales en fijos establecido en dicha reforma, que las incentiva por tres años cuando se realicen antes del 31 de diciembre de 2006 (véase el artículo del autor en Cinco Días del pasado 27 de octubre).

En conclusión, de los datos de la EPA del tercer trimestre se constata una evolución del empleo positiva que permite que siga descendiendo la tasa de paro, hasta alcanzar un nivel que no se conocía desde el primer trimestre de 1979. Por otra parte, el elevado crecimiento del empleo, similar al del PIB en volumen, beneficia más al asalariado que al no asalariado y, dentro del asalariado, y a pesar del ligero aumento de la tasa de temporalidad en un trimestre estacionalmente favorable a la misma, beneficia más al empleo indefinido que al temporal.

Estos últimos resultados, confirmados con los de la contratación registrada y las afiliaciones a la Seguridad Social, pueden ser sintomáticos de los efectos positivos de la última reforma laboral, suscrita el 9 de mayo entre el Gobierno, los sindicatos UGT y CC OO y las organizaciones empresariales CEOE y Cepyme.

José Ignacio Pérez Infante. Profesor asociado de Mercado de Trabajo en España de la Universidad Carlos III