Lealtad, 1

Cambio de tercio en Estados Unidos

La sociedad de la información, que bien podría ser la sociedad del espectáculo, parece afectar a los elementos que configuran la realidad para dotarles de ritmo cinematográfico. Y así se ha escenificado el posible cambio de ciclo político en Estados Unidos. Perdidas las elecciones por goleada en la Cámara de Representantes, con incertidumbre en el Senado -sobre la referencia a Florida en 2000- y la cabeza que el César ha ofrecido ha sido la de Donald Rumsfeld, el arquitecto de una guerra, la de Irak, que ha matado poco a poco el dominio político del conservadurismo estadounidense.

Quedan por delante dos años de convivencia de un Ejecutivo republicano con un Legislativo demócrata. Históricamente esta ha sido la mejor combinación para los mercados de valores. La razón puede encontrarse en que este tipo de situaciones es menos propensa a introducir cambios de calado en la economía, y sabido es que a los mercados les gusta que las cosas cambien poco, y que sean, cuanto más previsibles, mejor. O posiblemente sea una curiosidad estadística.

Sí es cierto que las compañías farmacéuticas ya han notado en estas dos sesiones el aliento vendedor. Al igual que sucede con las grandes petroleras o las empresas de armamento, se prevé que los demócratas sean menos condescencientes con el negocio de estas compañías. Raro será que realmente sufran, pero ya se sabe que en la Bolsa, cuando una expectativa se generaliza lo suficiente, no es necesario que esté fundamentada para que se cumpla.

Sí es verosímil, por otra parte, que algunas de las propuestas más aventuradas del equipo de Bush no salgan adelante. En especial los recortes selectivos de impuestos que habían generado un mareante déficit público. En este sentido, el triunfo demócrata será positivo para los mercados. De hecho, una mayor disciplina en el uso del dinero de todos trae a la memoria la época dorada -en términos bursátiles- de Clinton y Rubin, cuando la Bolsa subía y todavía quedaba tiempo hasta el estallido del Nasdaq.