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Agua que da vida a Escocia

El agua de la vida, significado de la palabra whisky en gaélico, encuentra un hábitat natural en Escocia. Una región lluviosa donde se vive y respira el famoso caldo. Una tierra que almacena 6 millones de barricas de alcohol donde sólo habitan 5 millones de personas.

El clima, responsable del verde que colorea el paisaje y de garantizar el alimento de las 8 millones de ovejas que pueblan los pastos, facilita también la elaboración de una bebida, el whisky escocés, scotch, que ha alcanzado renombre internacional y que vende 31 botellas al segundo en todo el mundo.

La abundancia de los elementos naturales precisos: agua, cereales y levadura explican su alta producción en una región que tuvo que espabilar en los orígenes de la elaboración de alcoholes para encontrar un cultivo que sustituyera a la uva, poco apropiada para aquellas frías y lluviosas tierras norteñas.

Los griegos son los que más 'scotch' por persona consumen en el mundo

La cebada malteada se convirtió entonces en el ingrediente clave para dar la región a conocer en el mundo. Nació el whisky de malta, un producto que explotan hoy en día 90 destilerías en toda Escocia. Aunque no es el único licor, los whiskys derivados de otros granos o los elaborados a base de mezclas completan la variedad de productos.

El whisky se bebe y respira en Escocia. ¿Se respira? Sí, en cierto modo también se respira porque el 2% del líquido que contienen los 6 millones de barricas almacenadas en las bodegas de las destilerías se evapora antes de llegar a embotellarse.

El Reino Unido aprovecha el éxito de un producto que genera 75 libras (142 euros) cada segundo y aporta 2.360 millones de libras (4.476 millones de euros) a la balanza comercial. Sin olvidar que da de comer a los 9.350 empleados en la industria.

El clima frío invita a beber una copa de whisky al calor de la chimenea, pero el éxito de la bebida ha alcanzado también rincones calurosos. Estados Unidos, Francia y España son los tres países que más importan este producto, aunque los griegos, pese a su clima mediterráneo, son los que más consumen por persona. En Francia curiosamente se vende más scotch en un mes que cognac en todo el año.

La destilería de Glenmorangie, el whisky de malta más popular en Escocia, situada al noreste de Inverness, ciudad famosa por el lago Ness y el monstruo que alberga, 20.000 personas aseguran haberlo visto, ha sido pionera en sus métodos de producción, imitada después por sus competidores. Situada entre Dornoch Firth y el antiguo pueblo real de Tain ha mejorado con los años su método y en 1996 introdujo en la elaboración de su whisky barriles de oporto, jerez o diversos vinos de calidad para el envejecimiento del licor en los últimos años. Un sistema que permite alcanzar unas variedades de acabados especiales.

En sus orígenes una fábrica de cerveza, Glenmorangie pasó a destilar licor en 1843 para convertirse desde 2005 en una empresa del grupo LVMH capaz de producir 90.000 litros al año.

El agua, como no, aseguran, es una de las claves de su éxito, al proceder del manantial de Tarlogie Springs, a sólo 1 kilómetro de la destilería. Un agua que tarda 100 años en filtrarse, confiriéndole una dureza única rica en minerales, responsable de dotar al whisky de carácter. Un agua de la vida lista para degustar tras 10 años.