COLUMNA

Evitar la derrota en Madrid

En Madrid, como diría Anson, no se habla de otra cosa. La centralita del Abc verdadero continúa bloqueada. Todo son conjeturas sobre quién resultará candidato del Partido Socialista a la alcaldía de Madrid en las elecciones municipales de mayo próximo. Estamos en la fase del manoseo de los nombres más acreditados. Estos días se ha hablado de Javier Solana, alto representante para la Política Exterior y de Defensa de la UE; Javier Gómez Navarro, ex ministro de Comercio y presidente de las Cámaras de Comercio; Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la Unesco; Manuel Marín, presidente del Congreso de los Diputados; María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta del Gobierno; José Bono, ex ministro de Defensa; Felipe González, ex presidente del Gobierno; Baltasar Garzón, titular del Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional; Amparo Moraleda, presidenta de IBM España; Josep Borrell, presidente del Parlamento Europeo, y del mismo sursum corda.

La lista debe ser expurgada porque algunos nombres proceden de rencorosos que querrían desplazar de sus posiciones, por ejemplo, a Manuel Marín o a María Teresa Fernández de la Vega y dar a entender en el primer caso la disconformidad del PSOE con la manera en que su actual titular ejerce la presidencia del Congreso y, en el segundo, sugerir que José Luis Rodríguez Zapatero está celoso de su número dos a la manera en que Adolfo Suárez lo estuvo de Fernando Abril Martorell.

Luego vienen otros descartes de quienes se dice habrían rechazado la oferta en los primeros sondeos, como Javier Solana, que pudo ser candidato en 2003; Javier Gómez Navarro, que habría respondido aquello de 'verdes las han segado'; Josep Borrell, reacio a cambiar la seda por el percal; José Bono, todavía instalado en el escarmiento, o Amparo Moraleda, con mucho recorrido en su actual empresa. Y también considerar la sospecha de que lo del juez Garzón forma parte de las intoxicaciones habituales de los mentideros madrileños. Además debe atenderse a las afirmaciones de los responsables políticos que han descartado a los miembros del Gabinete como candidatos para Madrid, lo cual excluye a la vicepresidenta.

Estamos pues en una situación análoga a la que se planteó cuando el entonces secretario general del PSOE Zapatero anunció que el número dos por Madrid en la lista para las elecciones generales de marzo de 2004 sería una mujer que causaría una sorpresa morrocotuda y supondría una campanada desconcertante para el PP. Se hubiera dicho que el nombre estaba atado y bien atado pero poco a poco se fue conociendo el rosario de los descartes y renuncias que fueron desde las escritoras Josefina Aldecoa o Almudena Grandes a otras figuras acreditadas que fueron apagándose hasta que apareció por ventura la profesora Mercedes Cabrera.

En definitiva, que la salida de Trinidad Jiménez, para quien se ha creado ex novo la Secretaría de Estado de Iberoamérica en el Ministerio de Asuntos Exteriores, se ha producido sin haber cerrado el acuerdo sobre un candidato que encabece la lista socialista para el consistorio madrileño. Tal vez el asunto sea de menor cuantía porque el secretario de Organización, José Blanco, ya anticipa con seguridad el triunfo de sus colores con independencia de quién sea el designado para competir con el actual alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, que repetirá bajo las siglas del PP en medio de inauguraciones a destajo de aquí a mayo.

Veremos en qué queda lo de Federico Mayor, pero si nuestro bioquímico estuviera indisponible lo mejor pudiera ser salirse con inteligencia de la competición. Es decir, prescindir de los mohínes de las grandes figuras cuya alineación resaltaría el empeño del PSOE y haría más patente una derrota en las urnas que se da por segura y presentar a âscar Iglesias, actual sustituto de Trinidad en el grupo socialista de la Casa de la Villa. Se trata de un joven de la cantera, dispuesto a comerse el balón, que se sabe la asignatura municipal, que puede sintonizar con el graderío, que está dispuesto a sudar la camiseta los 90 minutos del encuentro y que puede actuar sin complejos frente a la figura, cuyo sólo nombre a tantos otros desalienta. Atentos.

Miguel Ángel Aguilar. Periodista