COLUMNA

¿Podemos evaluar ya la reforma laboral?

Los datos del Inem del mes de julio, además de evidenciar que se mantiene la tendencia de reducción del desempleo, con 4.770 parados menos que en junio y con un descenso interanual de 34.433 desempleados, ha servido como primer test de las bondades de la reforma laboral pactada entre los agentes sociales y el Gobierno, que entraba en vigor durante el mes pasado.

Como es bien sabido, uno de los objetivos de la reforma era conseguir mayor estabilidad en el empleo, y para ello se arbitraron una serie de medidas e incentivos, entre las que destacaba una bonificación de 800 euros anuales para la transformación del temporal en fijo. Si nos limitamos a analizar los datos del primer mes de vigencia de la norma, podríamos calificarla de éxito. En efecto, durante el pasado julio se firmaron 168.285 contratos indefinidos, lo que supone un 44,7% más que los 118.265 firmados el año pasado.

Tanto el Gobierno como las otras partes del acuerdo se han precipitado a lanzar las campanas al vuelo, glorificando las bondades de la reforma. La prudencia nos aconseja esperar antes de realizar una evaluación global de los verdaderos efectos de la reforma que nos tememos que, aunque será positiva, no logrará, ni de lejos, conseguir los espectaculares resultados del primer mes de vigencia.

En los últimos meses se acumularon contratos temporales que en verdad iban para fijos

Del total de contratos suscritos en julio, tan sólo el 10% fueron indefinidos. Sigue siendo una cuantía baja, a pesar de que supera, con mucho, el 7,4 % logrado en el mismo mes del año pasado. Analicemos brevemente la estructura de esos contratos indefinidos firmados en julio. Estos contratos pueden ser de dos tipos. Los resultantes de una contratación directa, o bien la conversión de un contrato temporal en indefinido. De este segundo origen proceden más de la mitad de los nuevos contratos fijos. En concreto 90.898 son de transformación de temporales, lo que supone un 72% de incremento frente a las transformaciones de contrato del mes de julio del pasado año.

¿Qué significa esto? Pues que los contratos indefinidos por contratación directa se han mantenido más o menos constantes, y que el incremento del número de contratos se debe casi en su totalidad a estas transformaciones.

De ahí que debamos extremar nuestra prudencia, dado que durante los dos pasados meses se estuvieron acumulando contratos temporales que en verdad iban para fijos, con la idea de acogerse a las bonificaciones que existirían una vez que la reforma laboral hubiera entrado en vigor. Es decir, que existía una bolsa de temporales con vocación de fijos que aguardaban a los beneficios de la ley. O dicho de otra forma, que muchos de las transformaciones de temporal a fijo que se han contabilizado en este mes sencillamente eran fijos encubiertos de meses anteriores que habían aguantado en forma de temporal para poder gozar de las bonificaciones.

¿Qué porcentaje del total suponen estos fijos invernados? No lo sabemos, pero nos tememos que bastantes, dada la experiencia que acumulamos de anteriores reformas.

Los nuevos contratos indefinidos parece que han beneficiado más a los hombres que las mujeres. En efecto, el 56% de la contratación fija ha sido suscrita por hombres. En cuanto a sectores, los servicios se llevan la palma, mientras que la construcción tan sólo suscribe el 11% de esos nuevos contratos.

En resumen, los datos del mes de julio son positivos tanto en su evaluación cuantitativa, es el sexto mes consecutivo de descenso del desempleo y el cuarto de caída interanual, como cualitativa, debido al incremento en la contratación indefinida ya evaluada. Pero todavía es demasiado pronto para echar las campanas al vuelo.

Habrá que esperar hasta el mes de diciembre para comprobar la real incidencia de los nuevos incentivos en el mercado laboral. Estoy convencido de que serán positivos, pero con una influencia de menor intensidad que la que hemos conocido en su primer mes de vigencia.