TRIBUNA

Timbromanía

La intervención de Afinsa y Fórum Filatélico ha saturado los juzgados de demandas y puesto en acción a miles de abogados. El autor analiza el caso y destaca el hecho de que decenas de miles de ciudadanos estén sumidos en la incertidumbre de lo que va a pasar con su dinero

El 10 de mayo de 2006 el prestigioso diario salmón británico dedicó la parte principal de su primera plana al desaguisado de Fórum Filatélico y de Afinsa. Para ilustrar la portada -con sentido del humor británico- Financial Times simuló un sello de España con una imagen en el que se veían varios policías durante su intervención en la sede de una de las citadas compañías y con un valor facial de 5.000 millones de euros.

Hay que hacer notar que, por sólo tres días, la fulminante intervención de las fuerzas de seguridad no coincidió con el 166 aniversario de la puesta en circulación del primer sello de correos, que precisamente tuvo lugar en Gran Bretaña el 6 de mayo de 1840, por iniciativa del profesor sir Rowland Hill. Vale la pena decir que la afición por coleccionar las estampillas postales es tan antigua como el sello mismo, puesto que sir Rowland, ya empezó a coleccionarlas.

En los inicios, el interés de coleccionar sellos era llamado timbrología e incluso se la denominó timbromanía, forma algo despectiva de designar una afición que en pleno siglo XIX para muchos resultaba incomprensible. Desde 1840 la filatelia fue ganando adeptos en todo el mundo y en la actualidad millones de personas se dedican al coleccionismo. Los coleccionistas motivados por la timbrología empezaron a pagar un precio muy superior al valor facial de los sellos, esto propició la aparición de inversores y condujo a la existencia de grupos organizados de inversores.

Los perjudicados en los casos Afinsa y Fórum son pequeños ahorradores que querían evitar que sus modes-tos capitales fueran consumidos por la inflación

En 1864, Georges Herpin, famoso coleccionista francés, propuso la palabra filatelia para designar la afición a coleccionar estampillas, formando este neologismo con la palabra philos, que significa amante, y atelia, que quiere decir tasa pagada de antemano, un vocablo cuyo significado real es amor a los sellos. Y efectivamente, hay gente que puede llegar a sentir auténtica pasión por esta afición.

Sin embargo, después del desastre filatélico que se ha producido en el Estado Español, y que ha sacudido los cimientos de la filatelia, ha aparecido un nuevo grupo de personas que volverán a utilizar la antigua denominación de timbromanía, pero no por remontarse a una designación del pasado, sino debido a que el descomunal escándalo de las compañías Fórum Filatélico y Afinsa les ha producido una enorme fobia por todo lo relacionado con la inversión en sellos. Nadie duda que en estos momentos la inversión en sellos en España, se haya convertido en la forma más impopular de evitar que con el paso del tiempo los modestos ahorros de los ciudadanos pierdan valor debido a la inflación.

Ahora que ya ha pasado más de un mes de la intervención judicial de las sedes de Fórum Filatélico y Afinsa, los 350.000 afectados por la presunta estafa de ambas compañías todavía están en una situación de total incertidumbre respecto a si podrán recuperar algún día su dinero.

Los juzgados están saturados de las miles de personaciones de los perjudicados y ya han intervenido varios miles de abogados en las causas abiertas contra Fórum y Afinsa.

El escándalo también ha tenido consecuencias colaterales. El PSOE y el PP se han culpado mutuamente de la situación e incluso dos asociaciones de defensa del consumidor se han enfrentado entre ellas.

Mientras que eminentes juristas y organizaciones de defensa de los afectados debaten si el Estado es responsable y debe hacerse cargo de indemnizar a los inversores, varios cientos de miles de ciudadanos españoles están sumidos en la angustia e incertidumbre de lo que va a pasar con su dinero. Lo cierto es que con tanta polémica económico-financiera y debate jurídico corremos el riesgo de olvidar quienes han sido los perjudicados: pensionistas, jubilados, viudas y pequeños ahorradores que querían evitar que sus modestos capitalitos fueran lentamente consumidos por la inflación. Por lo que a mi respecta, si en algún momento llego a olvidar quienes son los damnificados, tengo una imagen grabada en la mente: la foto publicada en la prensa de una venerable anciana que se encuentra delante de la sede de una de las empresas en crisis. La anciana va vestida de negro, con sobriedad pero también refleja una digna pulcritud -seguramente es una viuda que cobra una modesta pensión-, y su imagen podría simbolizar perfectamente a la típica abuela española. La mujer tiene sus gafas en una mano y con la otra se seca las lágrimas de los ojos. En la fotografía se ve cómo la anciana llora desesperadamente, y podemos percibir a través de la imagen fotográfica, la angustia que la pobre abuela está pasando, ya que seguramente todos sus exiguos ahorros están invertidos en sellos.