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Las calles de Nueva York rivalizan con los estudios de Hollywood

Entraba ya la noche cuando hace unas semanas unos enormes haces de luz iluminaban artificial y estratégicamente la plaza de Washington en el Village de Manhattan. En la terraza de un edificio se rodaba una escena de August Rush, una película dirigida por Kristen Sheridan con Robin Williams y Jonathan Rhys Meyers en sus papeles principales. Es uno de los muchos rodajes con los que los vecinos de esta pintoresca zona están acostumbrados a toparse ahora que Nueva York ha vuelto a convertirse en un escenario real y no copiado en estudio como en las series Seinfeld o Friends, rodadas en Los Ángeles. La clave son las ayudas públicas.

æpermil;stas se pusieron en marcha entre agosto de 2004 y enero de 2005 tanto por parte del Estado de Nueva York como de la ciudad y recientemente se han ampliado hasta 2008. Se trata de un crédito fiscal del 15% del total de los gastos de producción de películas, episodios de series y programas piloto. Para conseguir estas ayudas, que se combinan con protección policial y exención de comisiones por uso de bienes públicos, el 75% del rodaje debe hacerse en la ciudad.

Nueva York City, que se estrenó como plató en 1954 cuando Elia Kazan rodó On the Waterfront (La ley del silencio), había perdido competitividad por sus elevados costes. Muchas productoras emigraron a otras ciudades y Canadá. Ahora, y coincidiendo con el encarecimiento del país vecino, filmes como The Departed, el nuevo de Martin Scorsese, se han filmado en Nueva York por las ayudas estatales y municipales. Y eso que la acción transcurre en Boston. Curiosamente, hace unos años películas con acción en la ciudad de los rascacielos se rodaban en otros sitios. En cine hasta la Gran Manzana puede reproducirse, pero las productoras presionan para que las facilidades se mantengan.

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El dinero que Nueva York presupuestó para estos créditos voló tan rápidamente que ha habido que hacer otra provisión. Aunque parte ha ido a series como Los Soprano, que ya se rodaban en Nueva York, el rendimiento ha sido positivo. El número de días de rodaje creció un 35% en 2005 (frente al 4% registrado en Los Ángeles, la capital del cine). El sector ocupa a 100.000 personas en la ciudad y en 2005 se crearon 10.000 nuevos empleos (un 6,7% más), inyecta 5.000 millones anualmente en la economía de la urbe y es buena para el turismo.

Por supuesto, hay quien no está contento. Hay vecinos que protestan por las incomodidades que generan los rodajes. La ciudad ha designado hot spots, uno de ellos es la magnífica terraza de Brooklyn Hights, es decir, exteriores que deben estar en barbecho porque los vecinos están cansados tras varios rodajes seguidos.

Con todo, los que menos contentos están son los californianos. Comparado con 1996, el rodaje de películas ha caído un 32% y la competencia que presenta Nueva York a Hollywood se añade a la de otras zonas del país. Cine, televisión y spots son responsables de 240.000 empleos en el Estado. Sindicatos, estudios y productoras piden a los legisladores resucitar la iniciativa de uno de ellos para copiar las ayudas de Nueva York y acabar con las comisiones por rodar en una ciudad que ve cómo sus estrellas vuelan a la fotogénica costa este.