EDITORIAL

Cantidad y calidad de empleo

El primer trimestre del año se cerró con 19,4 millones de personas empleadas. Ya va siendo costumbre que cada trimestre la economía arroje récords de ocupación, pero sorprende que toda la generación de nuevos puestos de trabajo se concentren en el sector terciario y la construcción, con un estancamiento de las manufacturas.

Un análisis más detallado de la Encuesta de Población Activa de Estadística (EPA) del primer trimestre del año revela comportamientos nuevos. En primer lugar, un cierto agotamiento en la creación de empleo, pese a generar casi mil puestos de trabajo diarios. La economía es incapaz ya de absorber todo el avance de los activos y aflora un saldo de desempleo de casi 100.000 personas. En términos anuales, la maquinaria sigue funcionando a la perfección, ya que registra 900.000 puestos de trabajo adicionales, a la que ayuda la regularización extraordinaria de inmigrantes.

Este atisbo de ralentización en la cantidad de ocupación creada, que tiene también un ligero correlato en el repunte de la tasa de desempleo, va acompañado de un significativo giro en la calidad, además de un llamativo trasvase de la ocupación hacia los extranjeros inmigrantes, con pérdida de población ocupada española. Hay un reequilibrio de género y naturaleza del contrato, con más mujeres empleadas y una pequeña corrección de la altísima tasa de temporalidad. No obstante, contiene también un deterioro implícito de las rentas salariales, porque toda la generación de nuevo empleo se concentra en contratos parciales.

La EPA refleja a través del empleo el modelo de crecimiento del país, muy intensivo en trabajo, pero con una sospecha continua sobre la marcha de la productividad. Mantener la intensidad en el uso del factor trabajo y mejorar el sistema productivo con más presencia industrial no es imposible. Pero exige un esfuerzo público y privado en inversión tecnológica y formativa que tarda en dar dividendos y que en España debería producirse con la celeridad suficiente para sustituir la inevitable pérdida de pulso de la construcción.