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Las enseñanzas de las cumbres míticas

La experiencia de la escalada, aplicada al mundo de las empresas

Llegar a la cumbre. Cuando un trabajador se plantea su carrera con este objetivo ha de ser consciente de que nada se produce por casualidad. Como un alpinista, el profesional obsesionado por tocar el cielo sabe que la escalada tiene muchas etapas, que superarlas exige el máximo rendimiento y que una vez arriba también se paga un precio. Pero, ¿qué tienen las cumbres para fascinar tanto?

Un equipo formado por alpinistas profesionales y expertos en formación de ejecutivos, dirigido por Ramón Portilla (escalador de prestigio internacional) y Gonzalo Martínez de Miguel (director general del Instituto de Formación Avanzada) se han propuesto desentrañar los secretos de las cumbres y aprender de la experiencia de la escalada, en términos de motivación y desarrollo personal, para trasladarla al mundo de la empresa.

Recién regresado del Fujiyama, en Japón, Martínez de Miguel, guarda en su memoria miles de recuerdos de una aventura que se inició en el Teide, que le ha llevado ya al Monte Olimpo (Grecia), al Ararat (Turquía) y al Monte Sinaí (Egipto) y que pronto le elevará a otros picos. 'Nos proponemos alcanzar las cumbres de las montañas que han tenido un significado especial en el desarrollo de la humanidad. Montañas singulares, mitológicas, que han sido testigo del crecimiento y el ocaso de culturas enteras', explica. Los picos que forman parte de este proyecto, denominado Cumbres Mitológicas, no tienen una enorme dificultad técnica desde el punto de vista de la escalada. Sin embargo, todos ellos poseen un valor cultural y simbólico que, de alguna manera, se puede extrapolar a la empresa.

En todos ellos, la reflexión más importante se plantea precisamente una vez que se alcanza la cúspide, ese punto que el alpinista Ramón Portilla define como 'el lugar dónde puedes estar más cerca del cielo con los pies en la tierra'. 'Una vez arriba, después de todo el esfuerzo, uno se plantea qué precio se ha estado dispuesto a pagar. Tienes una sensación de haber hecho lo que fuiste a hacer, de completar la aventura, pero piensas en los riesgos que has corrido y en el compromiso de prudencia que tienes con tu familia', afirma el director de Infova. Antes de tocar la cima hay una 'zona de sufrimiento, de apretar los dientes', la etapa que, probablemente, marca la diferencia entre el éxito y el fracaso. Una zona que muchos profesionales identificarían inmediatamente con las ganas de tirar la toalla que asoman cuando las cosas se ponen complicadas en el quehacer diario. Pero ¿por qué renunciar a la cumbre? En las empresas 'son muchos más los que abandonan que los que fracasan', subraya Martínez de Miguel, que recomienda al profesional que se encuentra en esta etapa de su carrera que analice muy bien lo que le da fuerzas para seguir. El consejo es el mismo para quien practica la escalada: 'Marcarse una estrategia de ir paso a paso. Un paso más es clave. Te das cuenta de que los seres humanos somos capaces de encontrar fuentes de energía en lo más insólito y que tenemos más energía y capacidad de sufrimiento de lo que parece. En las situaciones más complicadas yo pensaba en mis hijos como fuente de energía', relata. El miedo es bueno si nos hace prudentes y nos protege, pero malo si nos paraliza. 'Cuando has de tomar decisiones, el miedo al fracaso te puede paralizar y hacer que el proyecto no salga', advierte.

En todo caso, tanto en el vértice de la montaña como en la vida laboral la aventura comienza en la llanura. Al igual que en las empresas, cuando uno se plantea iniciar un proyecto conviene no sólo definir el objetivo, sino desarrollar la estrategia necesaria para alcanzarlo. Es la etapa de preparación. 'Todo se construye primero a un nivel intelectual para luego hacerlo físico. Salvo sorpresas, es raro que los programas fallen si se definen y se preparan bien. Pero lo importante es ser fiel a la creación del proyecto, no desviarse'. Además, 'hay que esperar a que la montaña te dé permiso para subir', o lo que es lo mismo, 'que el mercado te permita atacar'. Montones de iniciativas fracasan por no saber manejar el tiempo, por no encontrar el momento justo para lanzarse a la aventura. Empezar demasiado pronto o llegar demasiado tarde a un mercado inclina, muchas veces, la balanza del éxito o el fracaso.

El reto del equipo

El reto de hacer equipos ha inspirado otras iniciativas en las que el mundo empresarial se ha unido al del deporte para compartir experiencias. La expedición a la cima del Aconcagua, enmarcada en el programa Training Day Adecco, forma parte de una iniciativa más amplia que ofrece a las empresas aprender de mano de deportistas, al considerar que el deporte es un medio eficaz para simular actividades y desarrollar capacidades necesarias en las empresas (ver Cinco Días 25 y 26 de marzo).

La importancia del equipo es otra de las conclusiones del director de Infova al relatar su experiencia en las Cumbres Mitológicas. No obstante, subraya que 'en la montaña los que dirigen no son nada paternalistas, cada uno va a su ritmo. Y es que si somos demasiado paternalistas podemos hacer equipos blandos'.