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Columna
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Los salarios en España

Los salarios pactados inicialmente en los convenios colectivos crecieron el 3% en 2005, tasa igual a la de 2004. Si se tiene en cuenta la aplicación de las cláusulas de revisión o salvaguarda salarial, al superar la inflación de diciembre de 2005 sobre diciembre de 2004 (3,7%) la inicialmente prevista (2%), el incremento de los salarios finalmente acordados alcanzaría el 4%, ya que la aplicación de dichas cláusulas supuso un incremento adicional al inicialmente previsto de un punto porcentual.

Ahora bien, los salarios brutos por trabajador efectivamente percibidos, estimados por la Encuesta Trimestral de Costes Laborales, elaborada por el INE, registraron en 2005 un incremento notablemente inferior, el 2,6%. Esta cifra supone una desaceleración de los salarios de dos décimas respecto a 2004, y contrasta con la aceleración de cuatro décimas de los salarios finalmente pactados en los convenios.

Este crecimiento del salario bruto de los sectores privados no agrarios (ya que excluye la agricultura y las Administraciones públicas, aunque no las empresas públicas) supone una importante pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores, puesto que la inflación, medida por el aumento del IPC, se situó en el 3,4% en el promedio de 2005 y en el 3,7% en tasa interanual en diciembre de ese año.

La reducción de los costes laborales es una contribución positiva al aumento de la rentabilidad de las empresas, pero contrasta con la pérdida de poder adquisitivo de los sueldos

Por otra parte, si se comparan las tasas de variación del salario bruto y del salario finalmente pactado, la diferencia entre ambas tasas, lo que se conoce como deriva o deslizamiento salarial, tiene un valor negativo, al ser inferior el incremento del coste salarial por trabajador (2,6%) al del salario pactado (4%).

El significado de valor negativo de las derivas salariales, algo que viene ocurriendo en casi todos los años desde 1995, y que confirma el carácter anticíclico que tiene dicha magnitud en la economía española (aumenta en las recesiones y disminuye en las expansiones hasta llegar, incluso, a convertirse en negativa) se explica, porque en los últimos años de fuerte crecimiento del empleo éste se concentra en la contratación de trabajadores de salario inferior al medio, como los jóvenes, mujeres o inmigrantes, muchos de ellos con contrato temporal. Si, además del salario bruto o coste salarial por trabajador, se tienen en cuenta los otros costes laborales no salariales, como las cotizaciones obligatorias a la Seguridad Social o los pagos no salariales a los trabajadores, que incluyen los complementos a las prestaciones sociales a cargo de las empresas y las indemnizaciones por despido -y que aumentan en 2005 el 3,6%, tasa igual a la del año previo-, el incremento total de los costes laborales por trabajador estimado por la Encuesta Trimestral de Costes laborales, ascendió en 2005 al 2,9%, una décima inferior a la de 2004.

Por lo tanto, aunque el coste laboral por trabajador crezca tres décimas más que el salario por trabajador, por el aumento más intenso de los otros costes no salariales, persiste la moderación de dicho coste laboral, como ya ocurrió en los dos años anteriores.

La moderación del coste laboral por trabajador de la Encuesta Trimestral de Costes Laborales se confirma asimismo con la estimación de la Contabilidad Nacional de España (CNE) de un concepto equivalente, la remuneración por asalariado, que también incluye las cotizaciones a la Seguridad Social y otros pagos no salariales. En efecto, la remuneración por asalariado aumentó en 2005 el 2,1%, lo que supone una desaceleración respecto al año anterior de 1,2 puntos, mucho más intensa que la del coste laboral por trabajador de la Encuesta Trimestral. Si, en vez de considerar el total de asalariados ocupados, se considera los asalariados en términos de empleo equivalente a tiempo completo, concepto estimado por la CNE, el crecimiento de la remuneración por asalariado en 2005 se elevaría al 2,5%, ocho décimas menos que en 2004.

Por último, si se calcula el coste laboral unitario (CLU), coste laboral por unidad de producción, que es el verdaderamente significativo para el empresario y que se obtiene dividiendo la remuneración por asalariado por la productividad por ocupado -ambos conceptos medidos en términos de empleo equivalente a tiempo completo-, el incremento en 2005 se situó en el 2,3%, inferior en cinco décimas al de 2004. Como, además, el deflactor del PIB, aumentó en 2005 el 4,4%, el coste laboral unitario real se redujo el 2%, lo que supone, como ya venía ocurriendo en años anteriores, una contribución positiva de los costes laborales al aumento de la rentabilidad de las empresas, que contrasta con la ya señalada pérdida para los trabajadores del poder adquisitivo de los salarios.

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