Transporte aéreo

La aerolínea Varig se enfrenta a la quiebra

El martes pasado, un avión fletado de Varig con origen en Río de Janeiro llegaba a Brasilia con 300 empleados de la aerolínea a bordo. Su destino, el Palacio de Planalto, donde querían presentar al presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, una propuesta desesperada para salvar la compañía de la quiebra. Al final lo hicieron ante los ministros de Trabajo, Luiz Marinho, y Defensa, Waldir Pires. El plan de los empleados de Varig contempla algunos sacrificios: renunciar a parte de su fondo de pensiones, una reducción del 30% de los salarios y el despido de 2.900 empleados. Estas medidas, según sus cálculos, inyectarían a la compañía 200 millones de reales (unos 77 millones de euros), que servirían para poner de nuevo en operación los 21 aviones de la aerolínea que están parados por falta de mantenimiento y para pagar las indemnizaciones de los despedidos.

Un mal menor, teniendo en cuenta que si se declara la quiebra de la compañía sus casi 11.000 trabajadores perderán el empleo. 'Preferimos entregar esto que está guardado para nuestro futuro (en referencia al plan de pensiones) e invertir en mantener nuestro presente. Tenemos la convicción de que esta empresa es viable y de que puede que no seamos remunerados por esta inversión, pero mantendremos nuestros empleos y continuaremos recibiendo nuestros sueldos', ha dicho el representante de los trabajadores, Márcio Marsillac.

La certidumbre de la viabilidad de la empresa, sin embargo, no está tan extendida. Las deudas de Varig con acreedores alcanzan los 7.000 millones de reales (unos 2.700 millones de euros) y la empresa no está pagando ni las tasas aeroportuarias.

Varig no ha hecho más que caer. En un año, su participación en los vuelos nacionales ha descendido del 31% al 19% y en internacionales, del 79% al 71%. Sus rivales TAM y Gol, sin embargo, han ganado terreno.

El Gobierno está reticente a inyectar dinero para recuperar una empresa privada.