EDITORIAL

Trichet da un respiro a Europa

Que el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, haya dejado claro que la esperada subida de tipos en la zona euro se retrasa unas semanas, quizás hasta junio, no significa que haya cambio de planes. Hay, eso sí, un respiro en el progresivo endurecimiento de la política monetaria, que había alarmado los últimos meses tanto a las economías presas del estancamiento como a aquellas con un nivel de endeudamiento crítico.

En todo caso, los tipos de interés aplicados para el euro están fuera de lugar en España hace años, tal como ha recordado el propio Banco de España cuando situaba el precio del dinero compatible con el crecimiento y los niveles de inflación por encima incluso del 4%. Cualquier subida, por tanto, no puede suponer sino un alivio para una economía excesivamente recalentada. La cuestión es determinar si la zona euro en su conjunto puede soportar o no un endurecimiento tan súbito y de las proporciones que el propio mercado descuenta en la política monetaria.

Todas las señales apuntan en Europa a una mejora sensible de la expectativas de crecimiento, sobre todo en aquellos países con la maquinaria más agarrotada, como Alemania, Italia o Francia. Pero la mejora no pasa de ahí, no se traduce en los indicadores, ni siquiera en los adelantados, de actividad. Desde luego, la Unión Monetaria está muy alejada de los parámetros de crecimiento estadounidenses, que han aconsejado en los últimos años elevar los tipos de interés desde el 1% al 4,75%, si bien es cierto que el ritmo marcado por el BCE tenía el mismo perfil en los meses pasados.

La confianza en Alemania, que supone un tercio de la economía de la zona euro, se ha recompuesto, y los planes reformadores de su Gobierno, aunque lleven la limitación implícita del consenso, han despejado parcialmente el futuro. Los mercados de valores y las expectativas empresariales así lo corroboran. Pero los consumidores no han dado aún un paso al frente, y las decisiones de Trichet deben medir sus efectos para no abortar una recuperación esperada hace varios años.