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De tutores de empresas a negocios en crisis

Navegar por un medio nuevo sin que alguien con experiencia le acompañe y sin saber por dónde ir, equivale a prepararse para naufragar. Por eso, para lanzar negocios en el universo cambiante que es Internet, surgieron a finales de la década pasada los servicios de incubación de empresas en la §web§. Esas empresas proporcionaban un empujón a ideas novedosas en la red, que preferentemente estuviesen ya en funcionamiento y que fuesen rentables. Para ello se encargaban no sólo de asesorarlas, sino también de implicarse en ellas invirtiendo y participando -fuertemente- en su gestión. Y con ella, en los beneficios.

Como tantos otros negocios, el de las incubadoras viene de Estados Unidos, y aunque su nacimiento se remonta a los años 80, el de las empresas de este tipo adaptadas específicamente a Internet fue contemporáneo al auge de la Red. Es el caso de Idealab (http://www.idealab.com), que desde 1996 buscó, replanteó y gestionó negocios que consiguieron el éxito en Internet. Buen ejemplo de esa particular tutela empresarial es Picasa, compañía fundada en 2002 cuyo principal activo era un organizador de fotografías para PC, y que sólo dos años después fue vendida a Google.

Auge y caída de Netjuice

El perfil de estas incubadoras respondía, según el profesor de Sistemas Informáticos del IESE, Brian Subirana, a un grupo de amigos con experiencia en el mundo de la consultoría que ante el crecimiento de Internet crean una empresa para ayudar a otras. ¢Era como el oeste: van llegando vaqueros y hay que hacer de todo, un hotel, un restaurante…¢. Y explica: ¢los que más ruido hicieron venían de una consultora: tenían el lenguaje adecuado para convencer a los directivos y a los inversores¢.

En España el buque insignia de este tipo de negocios fue Netjuice, que fue fundada por dos hermanos con menos de 30 años, Jorge Juan y Silvia García, como empresa de consultoría en Internet en 1996. En plena ebullición del sector planearon inversiones de hasta 600 millones de euros en los proyectos en los que estaban embarcados, y ejecutaron una ampliación de capital de más de 6 millones para dar entrada a más inversores institucionales. En esa aventura su proyecto de más éxito acabo siendo Kelkoo, que años después, cuando el sector volvía a las compras, fue comprado por Yahoo! por 475 millones.

Burbuja de expectativas

Otro ejemplo de este modelo de negocio fue Coverlink, impulsada en 1993 por dos jóvenes emprendedores, Jacobo Quintela y Gonzalo Zúñiga. En 2000, Ana Patricia Botín entró en su capital y se convirtió en su presidenta. Un año después, la empresaria compró el 100% de sus acciones al resto de socios y cambió su nombre por Razona, redirigiendo el modelo de negocio hacia objetivos más convencionales. En 2002 la consultora pasaba a manos de Indra.

En el recuerdo quedan también otros proyectos como E-netfinger, dirigida por el que fuera ejecutivo de BSCH, Manuel Nó, hasta 2001, o Qarana, fundada en 1997 y cuyo Consejo de Administración decidió en 2002 suspender pagos ante la imposibilidad de hacer frente a las inversiones planteadas.

El principal problema de este modelo fue, en opinión de Subirana, que había unas expectativas equivocadas sobre el crecimiento. ¢Pensaban que todo el mundo iba a comprar por Internet, y que las empresas tradicionales de servicios no podrían apuntarse al carro¢. Ambas previsiones se mostraron erróneas. Ante la desbandada general, quien pudo vendió. Pero fueron mayoría los que perdieron.

A día de hoy, el modelo de las Incubadoras ha desaparecido por completo, y aunque algunas de estas empresas han sobrevivido reconvirtiéndose en el sector del turismo, la publicidad o el comercio electrónico, el resto fueron disueltas. Eso no quiere decir sin embargo que quienes comienzan en Internet tengan problemas para encontrar dinero. ¢Asistimos a un resurgir muy interesante de inversores¢ que ganaron en su día y que siguen teniendo ganas de apostar capital, según Subirana, que concluye diciendo que ¢hay empresas con mucha hambre de crecer¢.