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Francisco Ayala cumple cien añossano humor

Un ciclo de conferencias y una cena conmemoran hoy el centenario del escritor granadino

Francisco Ayala no hace planes ni proyectos y menos cuando se trata de celebraciones. 'Me entrego para que hagan conmigo lo que quieran'. Hoy el escritor granadino asiste agradecido al homenaje que el Ministerio de Cultura, la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC) y la Casa de América le dedican con motivo de su cien cumpleaños. Por la tarde, Federico Mayor Zaragoza inaugurará el ciclo de conferencias Meditaciones sobre la libertad en la Biblioteca Nacional y a continuación, una cena presidida por los Reyes. Francisco Ayala soplará las cien velas rodeado de representantes de las instituciones culturales que participan en los actos del Centenario y de su familia: su mujer, la hispanista Carolyn Richmond, su hija Nina, su nieta, sus tres bisnietas y sus hermanos, Vicente, de 96 años que viaja desde Buenos Aires para acompañarlo en tan especial día, y Mari.

El escritor centenario, galardonado, entre otros, con los premios de la Crítica en 1972, Nacional de Narrativa en 1983, Nacional de las Letras Españolas en 1988, Cervantes en 1991 y candidato al Nobel de Literatura en 1996 y 1997, confiesa sentirse 'abrumado con tanto cariño'.

Francisco Ayala mantuvo ayer un cordial encuentro con los medios de comunicación para satisfacer las peticiones de entrevistas con ocasión de su cien aniversario. De la mano del poeta Luis García Montero, coordinador del Centenario, el escritor recordó algunos episodios de su biografía y su relación con intelectuales del siglo XX, como Ortega y Gasset o Ramón Gómez de la Serna. Al primero lo conoció en la selecta tertulia de la Revista de Occidente. Después de la primera reunión, el filósofo le dio su aprobación para seguir acudiendo. 'Seguí yendo un día a la semana'. A la tertulia del Café de Pombo, en cambio, dejó de ir a raíz de un espectáculo que presenció y que no le gustó (la ridiculización de un mendigo). 'La personalidad de Ramón no me atraía'.

El escritor repasó su nacimiento en Granada, en el seno de una familia muy conocida -su abuelo, médico, fue rector de la Universidad-. 'El lugar donde uno nace y se cría deja una marca indeleble en la persona'. Con 16 años, vino por primera vez a un Madrid que estaba a la altura 'intelectual, espiritual y artística de cualquier país europeo'.

Junto a Granada y Madrid, le marcaron Puerto Rico y Nueva York, ciudades de un exilio que para Ayala no fue insoportable. 'Todos los que fuimos a América ascendimos en el escalafón'. Cuando regresó a España lo hizo aceptando la realidad, sin engañarse.

A sus cien años, Ayala no se arrepiente de nada y tampoco se preocupa en medir los momentos felices. Ha vivido con el mismo interés y pasión que ha puesto en la literatura. 'La literatura y la vida no son diferentes. La realidad no existe más que cuando se la nombra y entonces ha entrado en la vida literaria'.

Sano humor

'He tenido la suerte de llegar a esta edad sin deterioro fundamental', reconoce el escritor. Goza de lucidez y de un envidiable sentido del humor, del que ayer dio buenas muestras. Halagado por las demostraciones de cariño y la presencia de muchas cámaras, Ayala reveló que había puesto especial cuidado al afeitarse por la mañana.

Cuando Luis García Montero aseguró que habían descubierto un error en la partida de nacimiento y el centenario no tendría lugar hasta 2007, Ayala se mostró dispuesto a repetirlo. 'Eso no cansa'.

Su mujer no opina igual y anunció que el escritor pasaría el día de hoy descansando hasta el comienzo de los actos del homenaje. Pero Ayala se siente con ánimo: 'En realidad, la que cumple cien años es mi mujer, yo soy un hombre joven'.