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CincoSentidos

Carnavales del tango

El baile argentino es más que música: es casi una religión. Y los del país se han propuesto que se adueñe del carnaval americano, como antes lo hizo la samba

Desde hace unos años, se celebra en Buenos Aires un concurso vernal de tango (cuando aquí es otoño), que en la última edición reunió a más de 200.000 personas de cuarenta países; la tercera parte de los concursantes eran europeos. Por raro que suene, el baile más típico de Finlandia es el tango, y también es muy popular en otros países nórdicos.

En vista de ese fervor creciente, las autoridades porteñas van a organizar un magno Festival, en febrero, para teñir los carnavales de tango, y hacer que sea en adelante su banda sonora, tanto o más que la samba y otros ritmos tropicales.

Los tango tours son todo un género en las agencias de viajes de medio mundo con tanto éxito como las academias de baile que lo enseñan. Un dato curioso: de los cerca de cinco millones y medio de turistas que recibió Buenos Aires el pasado año, más de un millón eran gays atraídos por el ambiente gay friendly de la ciudad. Esto recuerda un poco los orígenes del tango. Según escribió Borges, 'en 1898 nació un baile en los lupanares al cual llamamos tango. Ninguna mujer se atrevía a bailarlo sabiendo cuál era su origen. El baile es muy lascivo, una especie de parodia del acto del amor. La música, muy obscena, la letra también. Lo bailaban sólo hombres'.

Dicen unos que era por matar el tiempo de espera en los piringundines; otros, que ello se debía a que es el hombre el que sabe, la mujer sólo tiene que dejarse llevar. El caso es que el baile escandalizó, tanto que el papa de turno lanzó una solemne excomunión contra aquellos que lo practicaran.

Pero el mundo está lleno de malos cristianos, por lo visto. Empezando por Buenos Aires. Allí había un barrio de pobres (e inmigrantes: españoles, árabes, judíos, polacos, rusos) que se formó en torno a un mercado de abastos viejo (reconstruido en 1934). El Abasto cambió al barrio, donde pronto prosperaron milongas y restaurantes. En uno de ellos, O'Rondemán, se dio a conocer un mozalbete, el Morocho del Abasto, o el francesito, como se conocía a Charles Romuald Gardés, nacido en Toulouse en 1890 (¿o 1887, o 1883?) y afincado, con su madre soltera, en el barrio.

Conocido como Carlitos Gardel, fue el creador del tango-canción hacia 1917, al interpretar por vez primera Mi noche triste, del poeta Pascual Conturbi. Gardel murió en accidente aéreo en 1935, y el Abasto cerró en 1984; ahora es un rutilante Centro Comercial y, a su vera,

La Esquina de Carlos Gardel es tal vez el local de tangos más célebre y concurrido de la ciudad, donde pueden cenar y asistir al espectáculo más de medio millar de personas. Hay otros locales turísticos como éste -los más distinguidos son La Trastienda, Michelangelo o El Viejo Almacén, todos ellos en la calle Balcarce, por el barrio de San Telmo. Los expertos optan por locales bananas, más alternativos, del mismo barrio, como el bar Sur (donde en 1997 se rodó Happy together, de Wong Kar-Wai); o más hacia Palermo, el bar Roberto o el Bustamante, ambos en la calle Bulnes.

Pero estos cenáculos son para la noche de farra; por el día, cualquier calle o plaza céntrica se convierte en pista de exhibición.

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