EDITORIAL

Empresas fuertes en el mundo

Telefónica asumió ayer el control de la británica O2 en la mayor operación de la historia empresarial española. Antes que ella ya han pisado suelo británico otras compañías españolas bien a través de adquisiciones millonarias (Santander o Ferrovial) o mediante crecimiento orgánico (Inditex y varias hoteleras, por ejemplo). Endesa pisa fuerte en Francia e Italia y planea su entrada en Polonia; Metrovacesa y Colonial se han hecho con dos de las mayores inmobiliarias francesas; Sacyr absorbió la importante contratista portuguesa Somague; Cintra se adjudicó ayer mismo su segunda gran concesión estadounidense mientras sigue sacando jugo a su gran autopista canadiense.

Son sólo unos ejemplos -quedan muchos otros- que muestran cómo las empresas españolas han emprendido una expansión sin precedentes por los mercados más desarrollados del mundo. Las grandes empresas españolas vieron en Latinoamérica su terreno natural de crecimiento por las similitudes culturales e idiomáticas que nos acercan a esos países. Esa aventura latinoamericana, aunque no exenta de riesgos y de sustos, ha sido clave para que los gestores españoles pierdan el miedo a la aventura exterior, incluso si hay que hablarla en otro idioma. Latinoamérica ha proporcionado en muchos casos el tamaño, la experiencia y la capacidad de gestión que han permitido luego el salto a Europa o Norteamérica.

Las grandes empresas españolas son punteras en unos cuantos negocios. Los bancos, constructoras, inmobiliarias, eléctricas y telecomunicaciones de España tienen poco que envidiar a sus homólogas de otros países. La facilidad de acceso a los mercados de capitales ha proporcionado la financiación necesaria para abordar operaciones enormemente ambiciosas. La compra de O2 es acaso la más emblemática dentro de esta tendencia, que puede servir en cierta medida como antídoto para la deslocalización. Las empresas fuertes hacen un país más fuerte y permiten retener los centros de decisión clave.