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Los ciudadanos ven el mundo anclado en la corrupción

Los políticos, las empresas y las autoridades fiscales, lo peor percibido en España

Unas 55.000 personas repartidas en 69 países de todo el mundo han sido preguntadas durante este año sobre el nivel de corrupción que viven a su alrededor. La respuesta ha sido contundente, los ciudadanos sienten que la corrupción existe, que está generalizada en todos los sectores de la sociedad y que aumenta de año en año. Así resulta de la tercera edición del Barómetro Global de la Corrupción elaborado por Transparencia Internacional, una organización no gubernamental fundada en 1993 con sede en Alemania y que este viernes, coincidiendo con el Día Internacional Anticorrupción, se presentó en diversos países de todo el mundo.

En cada uno de los 69 países analizados se pidió a una muestra de ciudadanos (500 en España) que calificaran el nivel de corrupción de hasta 15 sectores de la sociedad o dijeran si pagan o no sobornos, entre otras cuestiones. En más de la mitad de estos países (63%), los partidos políticos son los que peor nota reciben y, por tanto, son los percibidos como los más corruptos. Los parlamentos, la policía y el sistema judicial son, por este orden, los peor valorados. En el extremo opuesto, esto es, los sectores vistos como menos corruptos, están las entidades religiosas y las organizaciones no gubernamentales.

A nivel nacional, la percepción de la corrupción en España está en línea con el resto del mundo, aunque tiene sus peculiaridades. Por ejemplo, España es de los territorios donde peor calificación reciben las entidades religiosas. Aunque el Barómetro evita valorar los datos obtenidos, el catedrático de Ciencias Políticas y miembro del consejo directivo de Transparencia Internacional-España, Manuel Villoria, explicó el viernes que, en general, 'se valora mal la Iglesia en los países donde se mete en política' como en Grecia, Israel o Turquía. En concreto, lo menos corrupto para los españoles es el sistema educativo y las ONG y lo más, los partidos políticos, las autoridades fiscales y el mundo empresarial. Para Villoria 'negocios y política cada vez van más unidos' y destacó el sector de la construcción en España como 'el más peligroso para la ética empresarial, influye en el blanqueo de capitales de los grupos criminales, se conecta con la corrupción política de los ayuntamientos y con la financiación de los partidos políticos'.

Aunque el Barómetro, según explicó el presidente de Transparencia Internacional España, Jesús Lizcano, no establece un ranking por países del más al menos corrupto, sí es una radiografía del mundo. Así, por ejemplo, Singapur sería uno de los territorios donde sus ciudadanos declaran asistir a los índices más bajos de corrupción de todo el mundo y Nicaragua, uno de los países donde sus habitantes sienten más grave la corrupción.

En este sentido, Villoria insistió que la encuesta se analice viendo la situación interna de cada país. Así, por ejemplo, destacó que en España ninguno de los encuestados dijo haber pagado un soborno en el último mes. Pero, según el Barómetro, hay países donde el entre el 31% y el 45% de la población paga sobornos. Es el caso de países como Camerún, Paraguay, Camboya o México. 'En España' afirmó Villoria, 'el problema está en la visión que se tiene de los partidos políticos, que no responden a la ética que piden los ciudadanos'. Asimismo explicó que aunque los españoles opinan que 'la corrupción no es un problema, casi un 50% considera que la corrupción ha empeorado en los últimos tres años y la situación va a empeorar'.

El abogado Antonio Garrigues, también miembro del consejo directivo de Transparencia Internacional, se mostró durante la presentación del Barómetro sorprendido con el hecho de que la corrupción de los partidos políticos sea hasta motivo de chistes y se asuma como algo lógico. 'Son los que menos democracia interna tienen, los que transmiten menos credibilidad, dan mayor percepción de corrupción y encima asumen esto con ironía', afirmó. Garrigues insistió en la idea de que corrupción y pobreza van unidos, 'cuando hay más corrupción, hay más pobreza'.

Pese a todo, aún hay soluciones y, por ejemplo, el próximo 15 de diciembre entrará en vigor la Convención de la ONU Contra la Corrupción. Se trata de un documento que, entre otros, tipifica delitos como el tráfico de influencias o el enriquecimiento injusto. En España, el último consejo de ministros acordó su remisión a las Cortes para su adopción.

Soluciones más allá de la educación

Hay que formar conciencias y educar en los valores porque la corrupción es un problema de educación. Sin embargo, medidas más contundentes como fijar sanciones y aplicarlas han logrado reducir la corrupción a corto plazo.

Según explica Antonio Garrigues, hace décadas, en España la evasión fiscal estaba generalizada y 'ahora se pagan impuestos no porque se tenga más ética sino porque se ha creado el delito fiscal'.

Asimismo, en algunos países de latinoamérica se ha empezado a publicar en internet las ofertas públicas de compra de material. Al dar transparencia, al menos, quedan expuestos al conocimiento público. En este sentido, también debería bajar la corrupción empresarial con las normas de buen Gobierno. Asimismo, la ONU y los organismos multilaterales deben impulsar tratados de persecución y sanción a nivel global.