Francia

Los disturbios de París siguen y aviva la crítica a Sarkozy

Los barrios de la periferia norte de París fueron el jueves de nuevo escenario de la violencia callejera, desatada la pasada semana tras la muerte accidental de dos jóvenes cuando escapaban de la policía. La noche se saldó con 519 vehículos quemados, 78 personas detenidas y seis policías heridos. Lejos de apaciguarse, los disturbios, que incluyen agresiones a la población, se extendieron a otras banlieue (barrios periféricos) del país, y en la misma capital se contabilizaron siete vehículos quemados. Otros cinco coches ardieron ayer en pleno día.

La lentitud en reaccionar del Gobierno de Dominique de Villepin y la lucha interna entre éste y su principal enemigo, el ministro de Interior, Nicolas Sarkozy, han abierto la primera crisis en el Ejecutivo. Miembros del partido gubernamental han criticado la política de 'tolerancia cero' del ambicioso titular de Interior en la lucha contra la violencia instalada en estos barrios, caldo de cultivo de marginación social, por resultar contraproducente.

Su habitual beligerante y mediatizado discurso le llevó a expresar hace unos días su voluntad de 'limpiar' esos barrios de 'gentuza', una generalización sobre la población que habita en las oficialmente llamadas 'zonas urbanas sensibles' que ha agitado la cólera y el malestar de sus habitantes y ha irritado a la clase política. Miembros del Partido Socialista, los Verdes y el Partido Comunista pidieron ayer la dimisión de Sarkozy, mientras la derecha se exaspera por el inmovilismo que crea su enfrentamiento con el primer ministro.

Más allá de restablecer el orden, prioridad del Ejecutivo, De Villepin se enfrenta -sólo dos años antes de las presidenciales- al reto de acometer una profunda reforma sobre la política de integración de los inmigrantes. Una bomba política que Francia arrastra desde hace treinta años, y que ningún Gobierno ha sabido neutralizar. Un informe del Tribunal de Cuentas del pasado año fustiga la 'ausencia' de estrategia, y describe una 'situación de crisis' que no es 'producto de la inmigración, sino de la manera en la que ésta ha sido tratada', 'dejando que la integración se hiciera por sí sola'.