Lealtad, 1

Relevo a una forma de entender la Fed

Los inversores no son muy dados al sentimentalismo. Robert Rubin fue uno de los artífices de la bonanza económica y el equilibrio presupuestario de Estados Unidos en la segunda mitad de los años 90. Anunció su salida del gabinete Clinton por sorpresa, pero en Wall Street el luto duró entre un cuarto de hora y veinte minutos. Ese tiempo tardó el mercado en recuperarse del susto inicial.

Claro está que Rubin no es Greenspan. El presidente de la Reserva Federal se ha labrado una imagen que trascender el ámbito de actuación de la persona. Como ocurre con los malos gobernantes, se ha tendido a identificar la persona con todo lo que está bajo su autoridad. Esta singular metonimia ha sido aceptada de buen grado por los mercados financieros, que han cubierto al venerable abuelo de un aura de infalibilidad y omnisciencia que el tiempo se encargará de dar o no por buena, pero que Greenspan no trató de aplacar a lo largo de su mandato. Antes al contrario, paecía disfrutar de ella.

En todo caso, sus días al frente de la Fed estaban contados desde hacía tiempo. La novedad aportada ayer por George W. Bush fue el nombre del sucesor: Ben Bernanke. Se pronuncia como suena, pero terminado en 'i' y con el acento en la segunda sílaba.

Como candidato, Bernanke ha alabado el trabajo de su predecesor. Como gobernador de la Fed entre 2002 y 2005, se distinguió por preferir una política menos discrecional que Greenspan. En un estilo algo más cercano al del Bundesbak-BCE, abogó por fijar un objetivo de inflación y mover los tipos en función de la desviación respecto a este objetivo.

El primer día la palabra siempre es la misma, continuidad. Pero cuando el sustituido es alguien que ha impuesto conscientemente una impronta tan personal como para que se acuñasen términos del tipo 'Greenspanología', los cambios serán profundos. En todo caso, y dado que no son tiempos de andar de mudanza, las consecuencias tardarán en apreciarse.