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Los golfistas sufren duras sanciones por su mala educación

Mano dura. El Royal and Ancient Club de Saint Andrews y la USGA (la asociación de golf de Estados Unidos por sus siglas en inglés), los dos órganos legislativos del golf mundial, han dado un toque de atención a los grandes circuitos profesionales para que castiguen con severidad las infracciones que se cometan a las reglas de etiqueta del golf. El objetivo es preservar la caballerosidad que preside este juego y que lo hace distinto a los demás deportes.

El golf no se distingue del resto de disciplinas por el simple hecho de que los jugadores no lleven un número serigrafiado en la espalda. El público demuestra su deportividad y el fair play, salvo alguna excepción como puede ser en la Ryder Cup.

Los árbitros no tienen un afán sancionador, sólo intervienen cuando se les requiere para aclarar dudas que el jugador pueda tener en el campo. Los golfistas cuidan su atuendo y se guarda silencio cuando juega un compañero de partido. Estas serían algunas de las denominadas reglas de etiqueta del golf que hay que cuidar.

Sergio García, ganador el domingo anterior del Omega Masters Europeo celebrado en el recorrido de Crans-sur-Sierre (Suiza), ha sido castigado por la PGA European Tour con una multa de 5.000 euros por propinar un puntapié a un cartel después de cometer un doble bogey en el hoyo 17 en el transcurso del tercer recorrido del torneo. La imagen, que recogieron en directo las cámaras de televisión, es considerada un mal ejemplo. Al terminar la vuelta, el director del torneo David Probyn anunció al castellonense que sería sancionado. Las imágenes de televisión, que han servido incluso para penalizar a jugadores que han sido cazados cometiendo una infracción al reglamento o para descalificarlos en algunos casos, han delatado muchos otras faltas. Uno de los que más paga en multas es, curiosamente, el número uno mundial Tiger Woods.

El jugador californiano, al que las cámaras siguen durante todo su recorrido, a veces no puede reprimir alguna expresión malsonante después de fallar un golpe. Esta reacción, fruto de la frustración, le cuesta un dineral.

Un compatriota de Woods, el pegador John Daly, le comentaba hace poco que llevaba pagados más de 90.000 dólares en multas en Estados Unidos. Tiger ni se inmutó al oír la cifra: 'Si te digo lo que he abonado yo, estarías arruinado', le contestó mientras proseguían su vuelta de entrenamiento.

Otro incumplimiento de las reglas de etiqueta es el juego lento, una desconsideración hacia los propios compañeros de partido y que afecta a los restantes encuentros que van por detrás. Por este motivo José María Olazábal, que ha sido amonestado en dos ocasiones este año en el PGA Tour estadounidense, ha pagado 20.000 dólares de sanción.

A Phil Mickelson, vencedor del pasado US PGA, no se le ocurrió otra cosa que apostar 1.000 dólares a favor de Jim Furyk a que era capaz de embocar la bola desde el búnker. Este comentario, hecho en voz alta en la Casa Club mientras seguía el desenlace del torneo por televisión, le costó una sanción de 1.500 dólares porque está prohibido hacer apuestas. Estas cantidades adicionales que recauda el PGA Tour son destinadas a beneficencia y cada jugador puede saber qué se ha hecho con el dinero que ha abonado en concepto de multas.