Pacto

Un independiente supervisará la actividad de KPMG en EE UU

El Departamento de Justicia de EE UU estudia el acuerdo alcanzado entre KPMG y el fiscal de Nueva York para evitar un proceso judicial que lleve a la firma a seguir los pasos de la extinta Andersen. El pacto contempla el nombramiento de un supervisor independiente sobre la actividad de la auditora y el pago de una multa.

El ejemplo de lo sucedido con Andersen y los alrededor de 18.000 empleados que tiene KPMG sólo en Estados Unidos han estado muy presentes a lo largo de las negociaciones que durante varios meses han mantenido la firma de servicios profesionales y el fiscal de Nueva York para tratar de evitar un procesamiento judicial. En el caso de ser condenada, y bajo las reglas de la SEC (la CNMV estadounidense), la compañía no podría auditar empresas cotizadas. Una situación que conduciría a la firma a seguir los pasos de Andersen, que desapareció en 2002 tras ser acusada por el Departamento de Justicia por obstrucción a la investigación relacionada con su cliente, Enron. La desaparición de Andersen dejó a las grandes auditoras reducidas a sólo cuatro: Deloitte, PwC, E&Y y KPMG.

Los delitos de los que se acusa a KPMG están relacionados con la comercialización de productos destinados a la evasión fiscal entre 1996 y 2002 y por obstrucción a las investigaciones.

El pasado mes de junio KPMG admitió su culpa través de un comunicado y añadía que los socios responsables de estos delitos ya no están en la compañía y que en España nunca se comercializaron esos productos.

El acuerdo alcanzado por KPMG y el fiscal David Kelley, y que ahora analiza el Departamento de Justicia de EE UU, es una práctica permitida por las leyes estadounidenses llamada deferred prosecution (algo así como procesamiento diferido) y a la que en los últimos dos años se han acogido empresas como Computer Associates, Bristol Myers Squibb o Time Warner.

A cambio del acuerdo, KPMG deberá hacer frente a una multa de alrededor de 450 millones de dólares (unos 366 millones de euros). Una cantidad que, según fuentes profesionales duplica los beneficios obtenidos por KPMG por la comercialización de los productos destinados a la evasión fiscal.

Otro de los aspectos del acuerdo que permitirá a KPMG eludir las acusaciones criminales es el sometimiento a una extraordinaria vigilancia durante un periodo que algunas fuentes cifran en 18 meses.

Desde este momento, la actividad de la auditora en EE UU será supervisada por un independiente, que según diversas fuentes podría ser Richard Breeden, presidente de la SEC entre 1989 y 1993, que cuenta con experiencia en el campo de la auditoría, y que en la actualidad, es considerado como uno de los más importantes expertos estadounidenses en buen gobierno. Según fuentes cercanas a las negociaciones, el nombramiento de Breeden, que ya ha actuado como supervisor en Worldcom (ahora MCI), está siendo uno de los principales escollos.

El acuerdo permitirá a la firma, que tiene más de 1.600 socios y audita las cuentas de más de mil compañías, entre las que se encuentran General Electric o Pfizer, evitar los tribunales. No sucederá lo mismo, sin embargo, con los ex socios responsables de los negocios ilegales. Al menos ocho de los 30 que salieron de la firma en relación con el asunto de la venta de refugios fiscales, deberán hacer frente al peso de la justicia.

KPMG no es la única auditora que tiene problemas. Tanto Ernst & Young como PricewaterhouseCoopers han sufrido investigaciones en EE UU relacionadas con la evasión fiscal.

De la presidencia de la SEC al consejo del BBVA

Richard Breeden podría convertirse en el supervisor de la actividad de KPMG en Estados Unidos. Así lo aseguró la semana pasada el diario The Wall Street Journal. Sin embargo, ni Breeden ni KPMG han querido confirmar aún el nuevo trabajo de este hombre de 55 años que fue nombrado por George Bush para presidir la SEC en 1989 y que abandonó el cargo en 1993. Tras su marcha trabajó durante tres años como socio de Coopers & Lybrand. Breeden podría aportar a KPMG su experiencia en una de las grandes firmas.

Más tarde, Breeden creó su propia empresa, una consultora especializada en asuntos de buen gobierno y en ayudar a reflotar a empresas en situaciones de crisis. Además, desde octubre de 2002, Richard Breeden se sienta como independiente en el consejo de administración del BBVA.