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Trucos para ahorrar en la gasolina

Frente a la subida de precios de la gasolina, la mejor defensa es ahorrar. Y no se trata de quedarse en casa; una conducción más eficaz y segura también es más barata. Hay datos muy conocidos, como que circular a marchas largas y a bajas revoluciones es menos caro. Pero hay otras fórmulas más desconocidas como que usar el aire acondicionado es mejor que abrir las ventanillas.

El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) recuerda que mantener el coche en buen estado, además de aumentar la seguridad, es la mejor manera de reducir el consumo de carburante. Cuidar la alineación de los neumáticos, cambiar los filtros, el aceite y las bujías y tener el motor bien reglado son algunos de los consejos del IDAE. Por ejemplo, tener los neumáticos a una presión 0,3 bares por debajo de la fijada por el fabricante gasta un 3% más de combustible.

Menos claro está cuál es el modo más barato de ventilar el coche. El IDAE calcula que el aire condicionado aumenta hasta un 20% el gasto de combustible. Abrir totalmente las ventanillas, según su estimación, incrementa el consumo en un 5%. Sin embargo, dejar el aire acondicionado a una temperatura fija y razonable (23-24oC) gasta menos que abrir las ventanas, como afirma Mario Arnaldo, presidente de la Asociación de Automovilistas Europeos. 'Apagar y encender a menudo es lo que más consume', recalca.

El IDAE previene también del exceso de peso (100 kg suponen un 5% más de gasolina) y del uso de la baca, que debe retirarse si va vacía. Otras medidas básicas son consumir el carburante recomendado por el fabricante y no utilizar el coche para trayectos muy cortos, en los que el gasto se dispara.

Cambios de marchas

A la hora de arrancar, es mejor no pisar el acelerador. La marcha debe iniciarse inmediatamente en los vehículos de gasolina y a los pocos segundos en los diésel. Los cambios de velocidades deben hacerse lo antes posible, de modo que se circule a marchas largas y bajas revoluciones. Acelerar y frenar sin necesidad, además de perturbar el tráfico, sale muy caro en cuestión de carburante. Ir demasiado deprisa también: un aumento de velocidad del 20% (de 100 a 120 kilómetros por hora) significa un aumento del 44% en el consumo.