Demolición

El Windsor toca suelo

Menos de seis meses después del espectacular incendio que destruyó el edificio Windsor, el rascacielos ya no existe. Los técnicos que trabajan en la demolición de la torre han alcanzado esta semana la primera planta, donde el fuego no llegó. Los operarios trabajan prácticamente encima de lo que fuera el vestíbulo, donde aún pueden distinguirse pedazos de mobiliario que el incendio no logró consumir.

Y el haber llegado hasta la primera planta del edificio supone muchas cosas, sobre todo para los habitantes y comerciantes de la zona. 'Significa, primero, que se acabó el ruido', afirma Raquel, una de las dependientas de la tienda infantil Chicco, situada justo detrás del rascacielos. 'Y el polvo', apostilla Miriam, su ayudante.

Con la demolición del Windsor llegarán también los litigios. Los comerciantes ultiman ya la demanda que presentarán el próximo mes contra la familia Reyzábal, propietaria del edificio. 'Estamos contentos con que las obras de demolición hayan ido tan rápido, pero también queremos que nos compensen por las pérdidas', explica Víctor Sandoval, portavoz de la Asociación de Afectados por el incendio del Windsor.

Los comerciantes calculan que las pérdidas pueden ascender a varios millones de euros, teniendo en cuenta que las ventas se redujeron hasta un 50% en la mayoría de las tiendas. Aún no tienen una cifra exacta de las pérdidas, pero los peritos y abogados contratados por la asociación están trabajando todo este mes para tener una estimación en septiembre. Por lo pronto, los afectados ascienden a más de 140 comercios. 'Aunque en la demanda sólo se personarán 80 o 100, los que resultaron más dañados', afirma Sandoval.

A su vez, la familia Reyzábal, propietaria de la gran torre construida en 1979 por Alas y Casariego, están pendientes también de la demanda que interpusieron en un juzgado de Madrid. Hasta ahora, los propietarios del edificio han sido quienes han pagado íntegramente el coste de la demolición, 21 millones de euros, llevada a cabo por la constructora Ortiz.

'Pero en cuanto se tenga constancia de quiénes fueron los responsables, iremos a por ellos, para que asuman su responsabilidad', afirma un portavoz de la familia Reyzábal.

Mientras, los comerciantes se esfuerzan en aparentar normalidad pese a las vallas que siguen cortando el tráfico en plena calle Raimundo Fernández Villaverde. 'Lo peor ya ha pasado, ahora a ver si salimos adelante', afirma la propietaria de una farmacia enfrente de la torre desaparecida.

'El Corte Inglés ha ayudado mucho'

Desde el principio del incendio, el mayor comercio de la zona, El Corte Inglés, se volcó para tener informados en todo momento a sus clientes, en una campaña masiva a través de todos los medios de comunicación. 'Nos ha ayudado mucho, gracias a su capacidad mediática se logró tranquilizar a la gente y aparentar normalidad en toda la zona', afirma el propietario de un bar en la calle Orense. 'Nosotros solos no hubiéramos podido llegar a tanta gente'.

Seis meses después del siniestro, en todas las puertas del establecimiento hay varios guardias de seguridad que vigilan algún posible accidente. 'El peligro no pasará hasta que la torre se haya desmontado del todo', asegura uno de ellos.

'Cerrado hasta nuevo aviso' en muchos locales

La constructora Ortiz prevé que las grúas podrán desmontarse en septiembre, cuando el último escombro del Windsor haya sido retirado. En todos estos meses, el ruido y las molestias provocadas por la colosal obra de desmontaje del rascacielos han hecho que algunos de los comercios hayan optado por el cierre. El cartel de 'Cerrado hasta nuevo aviso' cuelga de varios locales de la zona, como la cervecería El Dorado, a espaldas del rascacielos. Lo que ahora temen los comerciantes es que la pesadilla se reinicie de nuevo en septiembre, si la familia Reyzábal decide empezar la construcción de un nuevo edificio, algo que, según el portavoz, valorarán cuando la demanda esté resuelta. 'Que nos dejen respirar unos meses', pide el dueño de un bar.