TRIBUNA

Un paso que nos aleja de Europa

El Consejo de Coordinación Universitaria acaba de presentar el nuevo mapa de titulaciones. El autor analiza las polémicas medidas propuestas por este órgano supervisor de la educación universitaria española, que a su juicio nos alejan de los planteamientos del resto de países de la UE

El nuevo mapa de titulaciones, presentado recientemente por las subcomisiones del Consejo de Coordinación Universitaria, vuelve a poner de manifiesto la obcecación del Ministerio de Educación y Ciencia en distanciarnos de los planteamientos del resto de países de la Unión Europea. Así, mientras que la práctica totalidad de los Estados de la UE ha optado por una duración de tres años para las carreras universitarias de primer ciclo (o títulos de grado), en España el máximo órgano supervisor de la educación universitaria española ha decidido que nuestros titulados estudien un año más -es decir, cuatro- para conseguir el mismo título que los estudiantes de países como Francia, Italia o Alemania.

Ante la pregunta de por qué este empeño en alejarnos de las primeras potencias europeas en materia de educación, sólo hay una respuesta posible: que las autoridades educativas están cediendo ante las presiones corporativistas de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE).

Esta muestra de debilidad por parte del ministerio puede enterrar las esperanzas de cientos de miles de estudiantes, cuyo futuro profesional se verá completamente amenazado.

¿Qué va a ocurrir en España a la hora de homologar titulaciones de otros países europeos? La respuesta es obvia: al ser más largas las carreras en nuestro país, nuestros graduados (y futuros profesionales) perderán competitividad con respecto al resto de titulados europeos, que habrán obtenido sus carreras en un tiempo inferior.

Pero, además, se producirán otras desigualdades, como, por ejemplo -y esto es gravísimo-, que nuestros estudiantes tendrán que pagar más para poder hacer una carrera universitaria. También se incrementarán los gastos para las Administraciones, tanto estatal como autonómicas. Y no digamos para las universidades, cuyos recursos se verán hipotecados en este primer ciclo. Con ello es muy posible que los cursos de posgrado no puedan atenderse debidamente, por lo que probablemente los másteres tengan que ser transferidos a centros de enseñanza de élite. Mientras, los estudiantes con menos recursos económicos verán reducidas sus posibilidades de acceder a un máster al haberse incrementado los gastos necesarios para cursar el primer ciclo.

Otra prueba de que el Consejo de Coordinación Universitaria está actuando de espaldas a Europa es su afán por reducir el número de títulos (en un 40% según el catálogo presentado), algo que no se está haciendo en ningún país de nuestro entorno, donde las opciones de elección de carreras son mucho mayores. Además, esta reducción del número de títulos no está recogida en ninguna de las declaraciones de este proceso europeo (ni en la de Bolonia, ni en la de Praga, Berlín, Salamanca, etcétera).

¿Cómo es posible, por ejemplo, que las carreras de ciencias sociales y jurídicas -en las que, según los últimos datos del ministerio, está matriculado nada menos que el 48,7% de los estudiantes universitarios españoles- hayan pasado de ser 31 a sólo 19?

En abril de 2005, la Secretaría de Estado de Universidades e Investigación dio una serie de recomendaciones de carácter general entre las que destacaban las siguientes: 'Los nuevos títulos de grado deben ser relevantes socialmente y con una adecuada inserción laboral'; 'los nuevos títulos de grado deben tener claros referentes europeos'. Además, las subcomisiones han señalado en alguna ocasión que el catálogo se elaboraría 'atendiendo al interés general, teniendo en cuenta la necesidad de vincular los estudios universitarios a la realidad'.

En consonancia con estas indicaciones, el Consejo Superior de Titulados Mercantiles solicitó la inclusión en el catálogo de títulos de un grado en Comercio y otro en Contabilidad. Pues bien, parece ser que para las subcomisiones que han elaborado el mapa -que parecen tener un grave desconocimiento de la realidad- no tiene ninguna relevancia el hecho de que en este momento nos encontremos inmersos en una de las reformas de más calado de los últimos tiempos: la del Código de Comercio y de toda la legislación mercantil en materia contable para su armonización internacional con base en la normativa de la Unión Europea (la adaptación a las Normas Internacionales de Información Financiera o NIIF). Por otra parte, tampoco parece preocuparles que estos títulos de grado en Comercio y Contabilidad se expidan en países como Alemania, Italia o Francia. Supongo que por eso habrán decidido no incluir estos títulos en el nuevo catálogo. Ante esta postura, ¿qué solución de futuro cabe, nutrirnos de profesionales formados en otros países?, ¿mandar a nuestros hijos a estudiar al extranjero?

Resulta difícil creer que el ministerio piense que con estas medidas se va a facilitar la equiparación de títulos a nivel europeo, que se va a capacitar a los estudiantes para integrarse en el ámbito laboral y se van a atender las necesidades que demanda la sociedad (los tres objetivos más importantes de este proceso histórico).

Confiemos, por tanto, en que el ministerio introduzca importantes cambios en el catálogo definitivo, que estará listo después del verano. Si no lo hace y persiste en seguir dando la espalda al resto de Europa y discriminando a los estudiantes y profesionales españoles, cometerá un error irreparable, cuyos principales damnificados serán las generaciones venideras.