Secretos de despacho

Los tesoros de Martí Mingarro

Para trabajar se necesitan, sobre todo, ganas. Después de 46 años dedicado a la abogacía, Luis Martí Mingarro, jienense de 67 años, decano del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, no concibe otra ocupación que no sea la plena dedicación a su oficio. 'Toda mi vida ha girado alrededor de mi profesión, me ha gustado siempre ayudar a la gente a la que le pasan cosas'. Tal vez por ello, Martí Mingarro defina su lugar de trabajo como un espacio para las confidencias, 'es aquí donde los clientes me cuentan sus cuitas y problemas'. Y les ayuda a base de dedicación y estudio. 'Siempre hay que estar estudiando y poniéndose al día'. Precisamente, si algo le gusta a este abogado es estar al calor de uno de sus tesoros más preciados: los libros.

La mayor parte de los volúmenes que le acompañan, desde principios de los años sesenta, en su despacho de Madrid, proceden de la biblioteca que heredó de su padre y que data de 1921. Para poder acoplar los distintos módulos de la librería tuvo que subir el suelo y bajar el techo de la estancia. 'Es la mayor riqueza que podemos tener y hay que conservarla'.

Asegura, desde la experiencia, que el trabajo de un abogado da la sensación de ser una ocupación 'trepidante, de estar constantemente en contacto con abogados y clientes, con idas y venidas a los juzgados, pero también requiere de mucha soledad'. La responsabilidad de un abogado, explica, pasa por muchos momentos a solas.

Es muy exigente, lo ha sido siempre. Pero con los demás, al menos en la forma, procura ser comprensivo, aunque en el fondo, confiesa que es igual de exigente que con él mismo. 'Llevo a gala que mis ayudantes se han colocado muy bien dentro de la profesión. He intentado transmitir ilusión por hacer las cosas bien'.

Luis Martí Mingarro se levanta todos los días a las seis de la mañana y se reserva tres horas para él mismo. Sobre las nueve de la mañana ya está en su despacho para dedicarse a sus tareas profesionales y a sus funciones como decano del Colegio de Abogados de Madrid, cargo que ocupa desde hace 13 años. Trabaja 12 horas, algo que lleva haciendo toda la vida. Acabó la carrera con 19 años y desde entonces no ha tenido un descanso. Aprovecha los veranos para dar rienda suelta a sus aficiones, como la pintura, jugar al golf, al fútbol y montar en bicicleta. Dice no echar de menos más tiempo para él mismo. 'Algo habré hecho mal porque me divierto mucho con el trabajo', señala.

En su opinión, a pesar de que la abogacía ha cambiado a lo largo de los años, la esencia sigue siendo la misma. 'Han cambiado los problemas, los procesos para ayudar a los demás y la red de comunicaciones es distinta, pero la profesión es igual, siempre hay que estar a disposición de la gente'. No es muy dado a dar consejos a los jóvenes abogados si no se lo piden. Pero si alguien le pregunta, le diría que hay que tener vocación, fuerza e impulso vital para hacer frente a la profesión.

Martí Mingarro confiesa que no es ordenado, 'no es mi mejor valor', aunque asegura que la cabeza sí la tiene en orden. Como sus libros. Tiene más de 6.000 obras en la biblioteca del despacho y en su casa completa la colección con más de 1.500 volúmenes, fundamentalmente clásicos. Entre sus pequeños tesoros enseña con orgullo una muestra de Constituciones españolas.

En una habitación contigua a su espacio de trabajo, tiene una amplia sala donde recibe a las visitas. En ella destaca una amplia mesa de reuniones, heredada de su padre. Es lo que él define un despacho con solera.

Si en algo no ha pensado hasta ahora es en la fecha de la jubilación, aunque asegura que llegará un día en el que tendrá que bajar el ritmo de trabajo. 'Será el momento en el que yo maneje el calendario y no al revés'. Pero si a uno le acompaña la salud, no ve el motivo por el que se tenga que dejar de hacer algo que gusta. 'A mí no me parece que lo que haga sea trabajo porque me divierto, lo que sí me gustaría es no tener la presión del tiempo', explica este hombre que, si por algo se caracteriza, es por su inmensa curiosidad para desenvolverse en las más diversas disciplinas.

La compañía de sus diez nietos

Otro de los tesoros de Luis Martí Mingarro es su familia. Al lado de la mesa de trabajo, tiene expuestas las fotos de sus, de momento, diez nietos, porque aclara que en los próximos meses llegará un nuevo miembro a la familia. También muy cerca tiene el retrato de su esposa, María Teresa, una mujer muy bella con la que lleva 44 años de matrimonio y que define como el 'maravilloso eje de la familia'.

También guarda con gran cariño una repertorio de condecoraciones y medallas obtenidas su trayectoria profesional. Entre ellas, destaca la medalla Orden de Mayo, concedida por el canciller de Argentina, en recuerdo de la persecución que vivieron los abogados en tiempos de Videla. O la medalla de oro de la abogacía portuguesa. Cree que todos los méritos y reconocimientos se deben a su labor conciliadora. 'Siempre he procurado superar las tensiones que oscurecen las relaciones humanas'.