EDITORIAL

Los más ricos dan un buen paso

Los líderes del G-8 dieron el viernes un paso en la buena dirección en la lucha contra la pobreza, pero queda mucho camino por recorrer en esta larga singladura. Las naciones más ricas del mundo decidieron aumentar en 25.000 millones de dólares la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) para África y destinarán 3.000 millones a Palestina en los próximos años. Además acordaron cancelar la deuda de 18 de las naciones más pobres del planeta, pero dejaron fuera a más de medio centenar de países con necesidades tan apremiantes como las de los incluidos en esta lista. En cuanto a las negociaciones en torno al Protocolo de Kioto, apenas hubo avances a pesar de las buenas palabras del presidente de Estados Unidos, el único país del G-8 que no ha suscrito este acuerdo mundial contra las emisiones que provocan el efecto invernadero.

El propio Tony Blair, anfitrión del encuentro, reconoció ayer que el incremento en las ayudas 'no supondrá el fin de la pobreza en África'. Pero, sí da alas a 'la esperanza de que pueda terminarse' en el futuro. Más allá de las cifras, que siempre podrían ser superiores, lo esencial de la cumbre de Gleneagles es que las grandes potencias han puesto el foco de atención en un problema cuya gravedad difícilmente puede exagerarse. La miseria extrema de millones de personas, las pandemias y la carencia absoluta de recursos alimentarios, sanitarios y educativos en decenas de países africanos no puede seguir ocupando un lugar marginal en la agenda de las naciones desarrolladas.

Los acuerdos sellados el viernes deberían ser el primer paso para que los países desarrollados empiecen a cumplir de una vez por todas los compromisos adquiridos hace tiempo (entre ellos, destinar el 0,7% del PIB a la Ayuda al Desarrollo). Y el debate debería extenderse cuanto antes a la Organización Mundial del Comercio (OMC), porque la mejor ayuda para los países pobres sería poner fin a la política de subsidios agrícolas y a la exportación vigente en todas las grandes potencias.