Técnologia

Sólo un tercio de las empresas invierte en innovación

Sólo el 32,6% de las empresas españolas (tres de cada diez) dedica recursos a la innovación mientras que en la UE la media se encuentra en el 44,4%. Además, lo que se dedica a estas actividades muchas veces no se utiliza de la forma más eficiente, según avisa el Banco de España.

La entidad que dirige Jaime Caruana acaba de elaborar, precisamente, un informe en el que saca los colores a la forma de gestionar los procesos de innovación tecnológica en España. El estudio, realizado con datos de la Comisión Europea, confirma, por un lado, que la propensión a innovar de las empresas españolas está muy lejos de la media de la UE (32,6% frente al 44,4%, doce puntos por debajo).

Pero la institución monetaria no se queda ahí y analiza las causas que fundamentan este retraso. Y los factores tienen dos orígenes básicos. El primero de ellos agrupa razones meramente estructurales. Así, la específica 'demografía empresarial' española provoca, según el Banco, que el tejido societario bascule sobre pymes de reducido tamaño, con pocos recursos para dedicarlos a procesos costosos como las innovaciones tecnológicas. Además, las empresas están concentradas en servicios, un sector menos proclive que otros (la industria) a avances constantes en los procesos productivos.

Pero el organismo supervisor hace hincapié en otros factores, más achacables a la gestión empresarial.

Uno de ellos se refiere a la distribución del gasto en innovación. Y es que las empresas españolas prefieren comprar en el exterior las innovaciones que necesiten antes que generar internamente procesos de I+D, siguiendo el viejo lema de 'que inventen otros'.

'Esta característica hace depender el impulso innovador de las importaciones de bienes de equipo y de la inversión directa, por lo que episodios de baja inversión y freno de flujos de inversión como los experimentados por la economía española en los últimos años, retraen la incorporación del progreso técnico', avisa el Banco. También hay una excesiva tendencia a buscar procesos de 'imitación tecnológica' de los existentes en el mercado en vez de definirse por nuevas líneas de investigación más arriesgadas. Estas estrategias innovadoras basadas en la imitación 'introducen algún desfase en la incorporación de los avances tecnológicos más recientes'. Dicho de otra forma, se corre el peligro de que el producto final conseguido acabe resultando 'viejo' en un mercado tan dinámico.

El Banco de España recalca otra circunstancia muy a tener en cuenta. Los principales agentes con los que cooperan las empresas españolas son las universidades y otros organismos públicos, en contraste con lo observado en el resto de la UE, donde destacan los acuerdos con proveedores y clientes. Estos últimos acuerdos tienen la ventaja de aprovechar mejor las sinergias entre grupos empresariales. Otro aspecto relevante es la finalidad que se busca en el proceso innovador. Las empresas españolas están interesadas en la reducción de costes por encima de todo (como las mejoras que permitan recortar la plantilla), y dejan en un segundo plano conseguir productos con mayor valor añadido. 'La búsqueda de la innovación en el producto mismo ayudaría a diferenciar nuestros bienes de los de otros competidores en momentos de fuerte competencia como ahora ', recuerda la entidad.

De una forma u otra, el Banco de España avisa ahora que queda mucho por mejorar en la gestión empresarial española, al margen de destinar más recursos a la innovación, como lleva aconsejando desde hace tiempo la Fundación Cotec (especializada en el fomento de las tecnologías).

Ayudas públicas mal enfocadas

Las ayudas públicas juegan un papel importante en procesos como los tecnológicos en donde el sector privado asume elevados riesgos y necesita de un apoyo institucional.

El Gobierno ha puesto en marcha un plan de impulso a la investigación pero los expertos avisan que el retraso es tal que la inversión en I+D no alcanzará a la europea hasta 2020.

En general, la proporción de empresas que declaran recibir algún tipo de ayuda pública a la innovación es similar en España que en el promedio de la UE (en torno al 26%), como apunta el informe. Sin embargo, a un nivel más desagregado se aprecia que la empresa industrial, base de los verdaderos procesos innovadores, está mucho más acostumbrada en el resto de Europa a obtener apoyos de lo que ocurre en España.

Esto es una lástima, sobre todo, teniendo en cuenta que las deducciones fiscales españolas por I+D son cuantiosas. Sin embargo, no se utilizan, a veces, por falta de información, y otras, sencillamente porque las empresas no las solicitan. El Banco de España detecta también un elevado déficit en la solicitud de patentes, uno de los mejores instrumentos para proteger las investigaciones. De hecho, España alberga, hoy por hoy, menos del 1% de las patentes de toda la UE.