Secretos de despacho

Conrado Truan, el abogado 'harlero'

El abogado Conrado Truan, nacido en Gijón (Asturias) hace 52 años, gestiona la firma Díaz-Bastien & Truan Abogados, desde un elegante despacho ubicado en la Torre Picasso, en la madrileña zona de Azca. Le gusta estar rodeado de cosas elegantes y trabajar en un ambiente tranquilo. Anteriormente la firma tenía oficina abierta en el barrio madrileño de Salamanca. Hace cuatro años que decidieron mudarse. Tuvieron dudas, hasta que al final se decidieron por una novedosa combinación dentro del sector de la abogacía: 'aspecto internacional revestido de aire serio', explica. De la distribución y composición de los despachos se ocupó personalmente Conrado Truan y asegura que, por origen suizo, primó el orden en la estética.

Le gusta estar aislado. 'Lo necesito para estar concentrado, también aprovecho las espectaculares vistas sobre Madrid para inspirarme'. Todo está en su sitio. 'Necesito saber en qué lugar se encuentra todo. Las personas ordenadas somos mucho más críticas que las desordenadas. Para nuestra profesión es un requisito indispensable'.

Es licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, en 1978 fundó, junto a tres amigos, el despacho de abogados, con el propósito de asesorar a clientela extranjera en sus inversiones en España y a la española en Derecho español e inversiones en el extranjero. Con posterioridad, el despacho se estableció en Marbella y Londres para asesorar tanto en Derecho español como en contratos, transacciones y procedimientos internacionales. En estos momentos, el bufete cuenta con 31 abogados.

'Creo en la cultura de puertas abiertas, por eso una parte del centro de llamadas está al lado del despacho'

Conrado Truan asegura que no necesita de grandes espacios para poder trabajar. 'No me gustan los espacios grandes porque necesito intimidad y sentirme protegido', señala. Acaba de finalizar las obras de la oficina en Marbella y ha elegido el más pequeño, eso sí, lo ha llenado de cuadros y pósters de su gran afición, las motos Harley Davidson.

Pasa más de 10 horas en el trabajo. 'Se trata de una profesión muy dura, ya que me dedico a la gestión de los tres despachos que tenemos abiertos'. Señala que es muy difícil encontrar letrados con todos los requisitos que debe reunir un ejecutivo. Los primeros, asegura, son más bohemios que los segundos. 'Por eso, en un despacho es importante que el gestor sea alguien con una visión diferente a la del abogado, que sólo se ocupa de ganar pleitos y debe ser autónomo e independiente en todo'.

Un directivo, en cambio, 'depende más de su entorno económico'. Asegura que si de algo se ha preocupado es de ser un gestor 'humano'. Y añade que las empresas se 'despersonalizan cuando se pierde el control'. En este sentido, Truan señala que no tiene intención de convertir el bufete en una macro empresa de abogados. 'Respetamos al abogado. Es nuestra regla de oro. Tenemos que respetar su independencia. Muchas veces se comete el error de gestionar un despacho sin tener en cuenta ese factor'.

Conrado Truan quiere recalcar que, a pesar de la gran dedicación al trabajo, está volcado en la presidencia de la Fundación Solventia, una institución dedicada a intentar paliar las deficiencias que hay en la enseñanza básica. 'La educación está garantizada, pero lo que es ninguna garantía es que aquellos niños con potencial para determinadas áreas no pueden seguir desarrollándolas. Si alguien está dotado para la música queremos que siga formándose y pueda dedicarse a aquello que le gusta', afirma Truan, que asegura que el 80% de los currículos que recibe en el despacho corresponde a candidatos que hablan ya tres idiomas y cuentan con algún curso de posgrado. 'Tenemos mucha gente desaprovechada en el trabajo y hay muchos menores que no llegan a desarrollar toda su capacitación por falta de medios. Nuestro objetivo es que todo el que quiera pueda llegar a algo'. A través de la citada Fundación pretende suplir esas carencias de muchos niños y jóvenes.

Una cazadora para un alma libre

Si algo le da sensación de libertad es sentarse sobre su Harley Davidson y recorrer las carreteras de España. 'Sales del despacho, te montas en ella y te relajas'. Sobre una percha, cercana a su mesa, cuelga una cazadora de cuero, que adquirió hace dos años cuando la legendaria compañía cumplió su primer centenario. Advierte que no es motero, 'sino harlero o harlista', que es aquella persona a la que le gusta su moto como objeto, como manera de vivirla. Acude a concentraciones y exhibiciones. 'Es una afición que refleja nuestro espíritu independiente, que no sectario. En estas reuniones te encuentras con gente de lo más diversa'. En el despacho, tiene todo tipo de objetos relacionados con esta afición: motos en miniatura, carteles hasta el número ocho (símbolo de las Harley).

En las paredes tiene un repertorio de grabados antiguos, que se hicieron con motivo del nombramiento como princesa de Asturias de Isabel de Borbón. También tiene varias esculturas, que reflejan la historia del despacho de abogados: al principio eran tres personas, y ahora son seis socios.

También le acompañan los cuadros que pinta su hermano Gabriel.