Retiro

El motín en Morgan Stanley fuerza la salida de su presidente

Philip Purcell se retira de sus puestos como presidente y consejero delegado de Morgan Stanley. Su salida, que no es inmediata, está provocada por un menor crecimiento del banco, la mala evolución de la acción, pero, sobre todo, por el motín desencadenado por ex empleados y accionistas, así como por el importante éxodo de ejecutivos.

El motín que se vive en Morgan Stanley ha dado resultados parciales. Purcell, de 61 años, dijo ayer que se retirará cuando se nombre a su sucesor 'pero no más tarde de la junta de junta general de accionistas, de marzo de 2006'. Una empresa de cazatalentos ya busca a su sustituto.

En una comunicación escrita y leída a los empleados por el propio Purcell, éste admitía que la decisión es lo mejor que puede hacer tras los 'continuos ataques hacia mi persona, y el grado de atención negativa sin precedentes que nuestra firma, y todos vosotros, ha tenido que soportar'. Purcell, que llegó a Morgan Stanley desde la presidencia de Dean Witter cuando en 1997 ambas entidades se fusionaron, dijo que los ataques han sido injustificados. 'Pero desafortunadamente, no dan signos de desaparecer'.

Las acciones se llegaron a apreciar ayer con la noticia hasta un 4,4%, a pesar de que en la misma mañana se informara de que los beneficios del trimestre serán un 20% menores que los del mismo periodo de 2004 debido a las 'difíciles condiciones del mercado'.

Desde el consejo, que en mayo apoyó públicamente a Purcell, se ha explicado que el presidente concluyó hace unos días que a la luz de las críticas lo mejor era su retirada. Según decían ayer fuentes de la entidad, la renuncia de nueve intermediarios de derivados el viernes aceleró el anuncio.

Estos empleados fueron fichados por Wachovia, uno de los muchos bancos de Wall Street que ha contratado empleados y altos ejecutivos (unas 35 personas de alto perfil) que han salido de Morgan Stanley desde marzo.

Algunos de estos ejecutivos formaron un grupo que ha dado alas a este motín sin precedentes en Wall Street y en el que el estilo de gestión de Purcell ha sido el centro de los ataques. El grupo ha presionado al consejo para que le sustituyera por uno de sus miembros y deshiciera la fusión. Purcell trató, sin éxito, de acallar las críticas con algunas reformas y la segregación de la filial de tarjetas de crédito Discover.

Desde Morgan Stanley se aseguraba que ni los disidentes ni John Mack, a quien Purcell echó en 2001, están en la lista de posibles sustitutos.

Compensaciones millonarias para el cabeza del banco

Pese a que Morgan Stanley ha tenido una evolución peor que la de sus más directos competidores, Philip Purcell recibió el año pasado una subida de compensaciones del 45% y se embolsó 22 millones de dólares entre salario base, bonus y acciones restringidas. Su retiro puede ser igualmente generoso. Según la agencia Bloomberg, el presidente de este banco de inversión podría llevarse hasta 62,3 millones de dólares, la mayoría en acciones, tras dejar sus funciones, según se deduce de la suma de compensaciones que la firma ha dispuesto para él.

Si el consejo le hubiera despedido por alguna razón habría perdido la mayoría de los beneficios.