EE UU

EE UU pasa la página de los escándalos financieros

Hace 28 meses, George Bush confirió a su amigo William Donaldson una importante misión: tranquilizar a los mercados y recuperar la confianza de unos inversores que veían sucederse monumentales escándalos empresariales. Para ello puso a este ex consejero delegado de la Bolsa al mando del regulador de los mercados, la SEC.

Enron, Worldcom, Qwest, Rite Aid y una larga lista de empresas habían puesto contra las cuerdas el sistema tras haber burlado los que se revelaron como unos pobres controles. Aquella debacle reforzaba la onda expansiva que dejó la explosión de la burbuja tecnológica. Donaldson, como nuevo presidente de la SEC, contaba con un importante aliado para insuflar confianza, la legislación Sarbanes Oxley (Sarbox) de buen gobierno corporativo, de 2002 y cuyo desarrollo reglamentario estaba en buena medida en sus manos.

Han pasado tres años y medio desde que Enron se viniera abajo y el escándalo que generaron esta y otras empresas se ha ido diluyendo, se ha pasado página gracias a la Sarbox y su desarrollo legislativo. Tanto es así que a la hora de dar explicaciones sobre la aversión al riesgo en los mercados, los analistas se refieren al temor que dejó la burbuja y no a lo que se dio en llamar enronitis.

'Asumimos que con este nombramiento se acabará la era de excesiva regulación 'posEnron'

Eso podría ser tomado como un cumplido a la eficacia de Donaldson cuyo perfil republicano y cercano a Wall Street no hacía presagiar su dureza con las empresas, y de los autores de la Sarbox. 'Calladamente y con fuerza, la regulación ha ido cuajando, y hace más difícil que se repitan estos episodios', explica con satisfacción la portavoz del Consejo de Inversores Institucionales.

Su alegría no es del todo compartida. El lugar abierto por los escándalos en la historia de las preocupaciones corporativas de EE UU ha sido ocupado por el temor de las asociaciones empresariales a lo que creen que es una excesiva regulación y dureza de las sanciones.

El péndulo se desplaza hacia el otro extremo y en ese viaje se observa la caída de los colosos de la energía y de las comunicaciones desde el retrovisor como dicen muchos analistas. Con la enronitis pasada y los mercados tranquilos en este aspecto, la Sarbox y su desarrollo están en el punto de mira de los partidarios de la autorregulación (el partido republicano y asociaciones empresariales). Y están ganando influencia

Muchas asociaciones empresariales han protestado con cada vez más virulencia el trabajo de la SEC, y la Cámara de Comercio la ha demandado por la regulación de los consejos de los fondos de inversión. 'En las empresas hay preocupación y no sorprende que se rebelen', dice Carolyn Brancato, de The Conference Board.

Donaldson dimitió la semana pasada y su puesto lo ocupará Christopher Cox, un abogado y legislador republicano cercano, por currículo, a las preocupaciones de los empresarios.

En las mismas páginas de opinión en las que The Wall Street Journal ha arremetido en el pasado contra algunas medidas tomadas por Donaldson o el fiscal Eliot Spitzer, el viernes se celebraba la llegada de Cox. 'Asumimos que con este nombramiento se acabará la era de excesiva regulación pos Enron', rezaba el editorial .

A Cox le quedan decisiones que tomar, entre ellas la de relajar la dureza de muchas de las normas que se aplican a pequeños negocios y empresas con la sede en el extranjero. Un punto importante es el futuro de las opciones sobre acciones, cuya obligatoria contabilización como gasto se ha ido retrasando, lo que puede dar lugar a nuevas reglas. Lo más difícil será, no obstante, la supervisión de los hedge funds.

Los tribunales siguen ocupados

Aunque desde el punto de vista legislativo la ley Sarbanes Oxley y sus reglamentos han ayudado a pasar página, en el frente judicial, los escándalos empresariales están siendo más complejos de dejar atrás. Aunque en algunos casos hay condenas duras como la de Bernard Ebbers o Martha Stewart, lo cierto es que hay mucha dificultad para que haya un verdadero cierre judicial.

La razón es que los delitos de cuello blanco son muy difíciles de perseguir.

La prueba es complicada y los acusados, normalmente, cuidadosos, algo que muestra el hecho de que los dos primeros responsables de Enron aún no han sido juzgados. La revocación de la sentencia que condenaba Andersen, los juicios que se han tenido que repetir como los del ex consejero delegado de Tyco, Dennis Kozlowski, o Frank Quattrone de CSFB y la dificultad que el jurado tiene para condenar a Richard Scrushy de HealthSotuth, son prueba de los problemas que hay en los tribunales.

Cara al futuro, la ley Sarbanes Oxley debe ayudar a que esto no ocurra porque se han endurecido los tipos.

Así, los jueces estarán ocupados un tiempo más, con casos inacabados y nuevos. El último, el de Maurice Greenberg de AIG y la aseguradora que emergió en 2005 cuando se creía que lo peor había pasado ya.