EDITORIAL

El plebiscito de Chirac

El presidente de la República francesa, Jacques Chirac, hizo ayer un último llamamiento a sus compatriotas instándoles a dar su apoyo a la Constitución europea en el referéndum que se celebra este domingo y a no utilizar la consulta como un plebiscito 'a favor o en contra del Gobierno' conservador. Una petición que muchos ciudadanos franceses probablemente no están dispuestos a atender.

Aunque Chirac se empeñó anoche en convencer a los votantes de que tienen ante sí una responsabilidad 'que va más allá de la división tradicional entre derecha e izquierda', lo cierto es el presidente francés está siendo víctima de una estrategia ideada por él mismo con la probable intención de sacar réditos políticos de la consulta. Para empezar, podía haber optado por la fórmula, menos arriesgada, de ratificar el Tratado europeo a través de la vía parlamentaria. En lugar de eso, Chirac prefirió una consulta popular confiado en que la aprobación estaba garantizada (el apoyo ciudadano superaba entonces el 60%) y, además, la campaña le permitiría reforzar la imagen del Gobierno conservador y ahondar la división de la izquierda.

El resultado está a la vista de todos. La derecha francesa aparece ahora tan dividida y debilitada como la izquierda. El propio Chirac está siendo objeto de duras presiones por parte de políticos de todo signo para que dimita si el resultado del referéndum es negativo. Y las perspectivas apuntan a que esto es muy probable.

Los sondeos de ayer reflejaban que un 55% de los ciudadanos que piensan votar lo harán a favor del 'no', lo que supone un avance de dos puntos en cinco días. La solemne alocución de Chirac puede movilizar en el último minuto a algunos indecisos y convencerles de que voten a favor de la Constitución para no 'debilitar a Francia y a la Unión Europea'. Un mensaje dirigido al 23% de los ciudadanos que siguen mostrándose inseguros sobre si irán a votar. Queda, pues, algo de esperanza. A pesar del propio Chirac.