EDITORIAL

Europa tropieza en Renania

El revolcón electoral en los comicios de Renania del Norte-Westfalia ha forzado al canciller socialdemócrata Gerhard Schröder a buscar la convocatoria de elecciones anticipadas. Una fuerte sacudida para un país poco acostumbrado a trastocar su calendario político. Alemania es, además, el socio más poblado de la Unión y el principal contribuyente al presupuesto comunitario. Resulta inevitable, por ello, que los efectos de esta sacudida se extiendan más allá de sus fronteras.

La negociación del presupuesto de la Unión Europea para 2007-2013 amenaza con convertirse en la primera víctima en el exterior del sobresalto en Alemania. Los ministros de Asuntos Exteriores de los 25 intentaban la noche del domingo y ayer lunes dar un impulso al proceso, con vistas a cerrar un acuerdo definitivo el próximo 17 de junio. Pero la inestabilidad en una capital tan importante como Berlín, que además lidera al grupo de países que exige un recorte del gasto comunitario, probablemente obligará a retrasar el pacto hasta el próximo año.

Por otra parte, la confirmación del desgaste de la coalición rojiverde que gobierna Berlín desde 1998 abre la puerta para el regreso de la formación conservadora CDU, cuyo liderazgo actual está lejos del compromiso europeísta de Helmut Kohl. Y Alemania, como muchos de los países fundadores de la Unión Europea, sufre una crisis de confianza respecto al proyecto de integración continental, circunstancia que en Francia y Holanda está alimentando la oposición al proyecto de Constitución europea.

Los mercados empiezan a percibir estas dudas, y el euro se perfila como objetivo ideal para materializar la inquietud. Los analistas vuelven a plantear sin ambages, como ocurría antes de 1999, los riesgos de una unión monetaria que carezca de respaldo político. Y recupera fuerza la vieja teoría sobre la amenaza que suponen los choques asimétricos entre socios de una misma unión monetaria. El estancamiento o recesión que padecen desde hace meses Alemania Francia e Italia (que representan el 70% del PIB de la zona euro) alienta aún más los pesimistas presagios de muchos analistas del mercado.

Los líderes europeos, actuales o por venir, deberían colocar como prioridad en su agenda disipar cuanto antes este clima de europesimismo, que no sólo daña al proceso de construcción europea, sino que también desalienta la actividad económica. La ratificación sin contratiempos de la Constitución sería un buen punto de partida. Pero para conseguirlo, los políticos de la UE deberán ganar el apoyo de la opinión pública para un proyecto de unión que, a menudo, se deja sin explicar suficientemente.

Detrás de todos los problemas yace, sin embargo, algo más profundo: la tentación de dar marcha atrás que expresan muchos ciudadanos, de una forma u otra. La próxima cita es Francia. Para afrontarla con garantías mínimas, los líderes europeos deben evitar que el adelanto electoral en Alemania desate una sensación de pánico y de defensa a ultranza de los intereses nacionales que favorezca, siquiera de forma marginal, a quienes quieren convertir el referéndum francés en el epitafio de Europa.