Constitución Europea

La incertidumbre económica lastra el 'sí' a la Constitución en Francia

A siete días del referéndum sobre el Tratado Constitucional, la consulta popular en Francia sigue atrapada en su política interior. La ralentización económica, el creciente paro y la decepción ante las políticas del Ejecutivo marcan el insistente goteo de sondeos, que sigue dando el no por ganador con un 53%.

El dramatismo con que el Gobierno galo intenta arrancar un sí claro al escéptico electorado francés en el próximo referéndum sobre la Constitución Europea, del próximo domingo, 29 de mayo, no ha tenido hasta el momento el efecto deseado en la opinión pública.

El 'voto histórico' al que los franceses se enfrentan, la 'crisis económica' que se avecina si sale el no o el parón que sufriría el proceso de construcción europea, son los argumentos esgrimidos por el debilitado Jean-Pierre Raffarin y por el acorralado Jacques Chirac, pero no encuentran auditorio.

La desastrosa aparición del Presidente Chirac en televisión ante un grupo de jóvenes cuidadosamente escogido para arropar el sí hace unas semanas, hizo patente lo que muchos analistas consideran en Francia lo más preocupante, 'la pérdida de credibilidad de los políticos actuales'.

'La consulta se ha convertido en un referéndum sobre el declive francés'

El débil crecimiento económico, el aumento del paro, que ya alcanza el 10% y la falta de coherencia en las políticas del Gobierno, elegido in extremis en 2002, han sido el caldo de cultivo del goteo de sondeos que siguen arrojando un no ganador.

Y de ahí que la consulta se haya convertido en 'un referéndum sobre el declive francés', según Nicolas Baverez, escritor de La France qui tombe. 'Cuando se habla de Turquía, en realidad se está hablando de los problemas de integración en Francia', dice Baverez.

Cuando se agita el fantasma de las deslocalizaciones, 'en realidad se trata del paro, y al tratar de la Europa social, en realidad, se está hablando del débil crecimiento económico y mayor índice de pobreza', añade. A esto se suman 'las estrategias de poder de cara a 2007', fecha de las próximas elecciones legislativas.

La dicotomía que los detractores del tratado en las filas socialistas han establecido entre una Europa social frente a la Europa liberal, ha avivado aún más los temores de perder el acervo y la protección social franceses.

La posición defensiva de Francia, como ha demostrado la reciente polémica sobre la directiva Bolkestein sobre liberalización de servicios, es signo, según los observadores, de la crisis de identidad que sufre el país. El creciente miedo a la llegada masiva de trabajadores de los países del Este 'ha devuelto a la idea de antaño de la preferencia nacional del trabajo y a la protección francesa', según Philippe Herzog, miembro de la asociación Confrontations Europe.

Este miedo al futuro, y por ende, a una Europa supranacional que limite el poder de decisión de Francia ante sus socios europeos, ha sido compensado por el discurso soberanista francés clásico.

Los defensores del sí no han dudado en dar como argumento el mayor peso que Francia tendrá en el Consejo Europeo fruto del nuevo equilibrio de votos que establece el Tratado Constitucional. Pero la clase política francesa tiene ahora poco margen para dar verdaderos argumentos por el sí.

Una campaña más europeísta que ninguna

Francia ha hecho en esta campaña un inusitado alarde de europeísmo. Conscientes de la poca credibilidad ante su electorado, los defensores del sí no han dudado en confiar parte de su trabajo a dirigentes europeos.

Desde que el 26 de abril el canciller alemán, Gerhard Schröder y el presidente francés, Jacques Chirac, defendieran un alegato conjunto por el Tratado en París, numerosos políticos han ido a la capital gala para rescatar al desacreditado Gobierno. El secretario general de la UE, Javier Solana, dio ese mismo mes un discurso en la Universidad de la Sorbona.

La pasada semana, los líderes socialistas europeos protagonizaron en París un encendido mitin, en el que participaron el presidente del Parlamento europeo, José Borrell, y la mujer del ex presidente español, Carmen Romero. Los debates televisivos se han llenado de personalidades europeas. Incluso la Asamblea Nacional francesa acogió al presidente español, José Luis Rogríguez Zapatero, quien protagonizó un debate con los parlamentarios galos, algo nunca hecho hasta ahora.