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'EE UU se presenta como una potencia impotente'

Francés de origen judío, es uno de los intelectuales europeos contemporáneos más notables y provocadores. En su último libro, 'El discurso del odio' (Taurus), analiza el origen y las causas del terrorismo internacional

André Glucksmann (Boulogne, 1937) cree que la intervención militar en Irak fue un acierto y lo avala con la celebración de elecciones libres. Denuncia un rebrote del antisemitismo y cree que se ha puesto de moda entre cierta parte de la intelectualidad europea criticar a EE UU. Se sabe polémico y cultiva en cada respuesta la imagen de persona que siempre va a contracorriente.

Pregunta. En su libro se muestra pesimista acerca del futuro de la humanidad, ¿por qué?

respuesta. En absoluto soy pesimista. Si el hombre tiene desde el principio de la humanidad capacidad para generar mal también ha demostrado capacidad para resistirse a él.

P. ¿Cree entonces que el mal, el odio humano, es el motor de la Historia?

r. Es el motor de la Apocalipsis.

P. Tras el 11-S hay más inseguridad. En su libro recuerda varias veces el sistema que surgió de Yalta. ¿Durante la guerra fría se vivía mejor?

r. No. Entonces el mundo era ya muy peligroso. Hoy la inseguridad ha cambiado de cara. De la bomba atómica se pasa a la bomba humana. El poder de destrucción ya no es monopolio de algunos países, se ha democratizado.

P. Usted diserta sobre el odio de los terroristas como si fuera algo intrínseco a ellos.

r. No han nacido para eso. Han cultivado el mal. Yo examino ese trabajo interior necesario y que permite a una bomba humana suicidarse y matar al mayor número de gente posible.

P. Pero, ¿no cree que también hay un caldo de cultivo externo del odio promovido por las grandes potencias?

r. Sí. Su política puede servir también a los terroristas. Por ejemplo, desde la caída del muro hasta el 11-S se extendió la idea de que vivíamos el final feliz de la Historia. EE UU y Europa se dedicaron a dormir tranquilos, despreocupándose de la periferia. Si Occidente hubiera ayudado al general Masud, que había luchado en Afganistán contra los soviéticos y los talibanes, quizás hoy en día las Torres Gemelas seguirían en pie.

P. En Irak ya no está Sadam pero la violencia sigue. Usted apoyó la intervención militar. ¿La ve ahora como un error?

r. Hay errores más grandes. Siempre pensé que se debió derrocar al régimen en 1991. Para mí la intervención de EE UU no fue un error, como no lo es tampoco para los iraquíes, que entre la invasión americana y el terrorismo prefieren la primera puesto que fueron a votar pese a las amenazas. Usted puede estar tranquilo. Hay un 70% de los franceses que también cree que fue un error. Yo nunca he sido esclavo de la unanimidad. La mayoría a veces se equivoca.

P. ¿Comparte la idea de que si se pone fin al conflicto entre palestinos e israelíes se acabará el terrorismo?

r. No la puedo compartir. Ahí está la crueldad de Sadam Hussein con los Kurdos, la guerra entre Irán e Irak o la barbarie del terrorismo argelino. No hay relación con el conflicto. Se ha buscado un demonio, el pueblo de Israel, y se dice que cuando se acabe con él habrá paz. Es de una ingenuidad enorme.

P. Ahora se celebra el 60 aniversario del fin de la II Guerra Mundial. ¿Hemos aprendido algo de ese horror? ¿O ve posible que se repita?

r. Hemos aprendido cosas pero hemos olvidado otras. La Unión Europea se construyó contra la barbarie nazi, el totalitarismo rojo y el colonialismo. Sin embargo hemos olvidado esta base. De otro modo, no habríamos aceptado la guerra colonial en Chechenia.

P. Francia votará pronto el referéndum sobre la Constitución europea. ¿Cuál será el resultado?

r. Mi voto será 'sí' pero no sé cual será el resultado. No soy adivino. Sin embargo, veo que hay tres errores que alimentan el 'no'. El primero, aprobar un texto tan complejo mediante referéndum. El segundo error es delegar en Chirac la promoción del sí. æpermil;l pretende fundar una Europa antiamericana cuando la mayoría de los miembros son atlantistas. El tercer motivo es más grave y triste: los franceses podrían rechazar el texto porque rechazan la ampliación.

P. Habla de un rebrote del antisemitismo. ¿Cuáles son sus raíces?

r. La historia de los judíos se ha convertido en lo peor del siglo XX, encarna a Auschwitz. Trae malos recuerdos y la gente quiere dormir tranquila, sobre todo porque ese recuerdo, el genocidio, podría volver a producirse. De hecho ya ha sucedido en Ruanda.

P. En su libro denuncia además que muchos se alegraron del 11-S. ¿Hasta ese punto llega el antiamericanismo?

r. Yo no digo que hubo alegría. Señalo que en muchos casos no hubo tristeza. El antiamericanismo viene de lejos, basado en viejos prejuicios acerca del descubrimiento de América. ¿Por qué se ha intensificado? Creo que porque de repente, tras la caída de las Torres Gemelas, EE UU se presenta no como una gran potencia, sino como una potencia impotente. Liberó a Europa y durante muchos años le dio seguridad con la disuasión nuclear, pero ahora la vemos bastante vulnerable. Lo que los europeos reprochan a EE UU no es el hecho de que sea fuerte, sino que sea débil.

'A veces, la mayoría no tiene razón'

'En Madrid los asesinos pudieron vanagloriarse de haber ganado. En tres días dieron la vuelta a la opinión (...) Se confirmó la íntima convicción de los asesinos: cuanto mayor es el horror más eficaz resulta'. Es un pasaje de su libro. ¿No cree que los resultados electorales en España fueron la decisión de un pueblo soberano?

Por supuesto que sí. Pero a veces la mayoría no tiene razón. Tras el desorden que generó la matanza era necesario haberse dado un tiempo para examinar qué había ocurrido, qué intenciones tenían los asesinos.

Entonces, ¿usted hubiera retrasado las elecciones?

Exactamente. Así se hubiera evitado una reacción inmediata poco reflexionada. Creo que si hay un atentado pocos días antes de las elecciones toda democracia debe posponer los comicios para examinar con calma el origen y las consecuencias. Ese es el tema de fondo, yo no pongo en cuestión la soberanía del pueblo español. Sin embargo, la soberanía habría sido más profunda si cada uno hubiera podido disponer de tiempo para reflexionar y llegar a sus propias conclusiones. Por lo tanto, me reafirmo en que los terroristas pueden vanagloriarse de haber modificado el resultado de las urnas. Sin el terror de Atocha las cosas habrían sido distintas. æpermil;xitos como el de España estimulan a los terroristas a seguir haciendo chantaje.

En un mundo lleno de odio como el que denuncia, ¿qué papel puede jugar Benedicto XVI?

Sin duda puede contribuir a rebajar la tensión, pero siempre y cuando abramos los ojos y no creamos que va a resultar una tarea fácil.

En su opinión, ¿fue tan positivo el legado de Juan Pablo II como se ha percibido por los numerosos elogios recibidos tras su muerte?

No hay duda de que fue una gran personalidad y que jugó un papel de primer orden en la liberación de Europa del comunismo. Pero durante su potificado tuvo lugar la masacre de Ruanda. Víctimas y asesinos eran católicos pero la Iglesia de Roma guardó silencio, no hizo nada. Si Juan Pablo II hubiera denunciado los hechos habría forzado a la ONU a intervenir y solucionar antes, sin tanta sangre, el problema.