TRIBUNA

Los frentes abiertos de Blair

Tony Blair y los laboristas han ganado por tercera vez consecutiva con mayoría absoluta. Pero han obtenido 356 diputados (37%), lo que evidencia que la campaña y el asunto de Irak les han hecho perder cuatro puntos porcentuales respecto a 2001, cuando consiguieron 408 escaños. La erosión de la figura pública de Blair y de su liderazgo ha provocado este pequeño revés.

Ante esta situación, Blair ha de realizar cambios en la nueva legislatura que se le avecina. Su estilo de liderazgo, definido como visionario, mesiánico, innovador y centrado en convicciones, ha sufrido un golpe durante la campaña con el asunto de Irak. Se han erosionado su credibilidad y su carisma, claves de la confianza que los británicos depositaban en él y que le afianzaban como líder. Esta confianza ha sido sustituida por el respeto hacia la gestión (especialmente la económica, en la que ha tenido bastante que ver Gordon Brown, responsable de Economía y futuro sucesor) y hacia la situación de bienestar, apoyada, bien es cierto, por la falta de una oposición moderna, bien liderada y con un proyecto real de futuro.

Ello le obliga a dar un giro de timón respecto a su estilo y encarar la legislatura con algunos frentes abiertos con los que no contaba. No es la primera vez que se enfrenta a una situación de descrédito. Ya le ocurrió tras las elecciones al Parlamento Europeo de 1999, en que fue derrotado por los conservadores y tachado de arrogante, egocéntrico e inflexible, pero entonces, no perdió la confianza de sus electores, base de su liderazgo. Es la gran diferencia con la situación actual.

Blair alcanzó el liderato del partido Laborista en 1994, tras la muerte de John Smith, y desde entonces se dedicó a reestructurar el laborismo inglés que no conseguía arrancar y era vencido continuamente por el Partido Conservador (los tories gobernaron durante 67 de los 100 años del siglo pasado). Su faceta innovadora le llevó a desafiar los dogmas del socialismo laborista clásico y a invadir terrenos que supusieron una transformación radical respecto a la concepción tradicional (terminó con los privilegios sindicales dentro del partido, reorientó la relación con Europa, combatió la pugna entre el laborismo y el mundo de los negocios, etcétera).

Así, creó la vía del Nuevo Laborismo que, tomando lo que más le interesaba de los discursos laborista y conservador, le hizo virar hacia un modelo de capitalismo social centrista que atrajo los votos de los electores descontentos con el partido Conservador. Esto le llevó a vencer en las elecciones de 1997 con el 43,1% de los votos. Entre 1997-1999 popularizó el concepto de La Tercera Vía -junto a Gerhard Schröder y otros pensadores-, que intentaba modernizar el espacio de centro-izquierda y que le supuso tensiones en su propio partido y con la oposición. Su defensa de las metas conseguidas durante la legislatura en materia de descentralización, economía, posición frente a Europa y asuntos internacionales, junto a una pobre campaña de los conservadores le valieron una segunda victoria con mayoría absoluta en 2001 (42% de los votos).

Las elecciones de este 5 de mayo han deparado una nueva situación de mayoría y, por tanto, de gobernabilidad en solitario. Pero los problemas con los que los laboristas se enfrentan en los próximos años pueden teñirse de nubarrones. Para empezar tienen que enfocarse y afrontar la economía, caballo ganador en estas elecciones, y que además pueden afectar negativamente a la carrera de su sucesor Gordon Brown. Se empiezan a apreciar síntomas de debilitamiento, pero deben mantener el ritmo de crecimiento económico.

Si no lo consiguen, tendrán que plantearse la posibilidad de incrementar los impuestos o reducir la inversión. Han de potenciar la tasa de ahorro nacional y afrontar desde esta perspectiva las reformas del Sistema Nacional de Salud, las reformas de las instituciones y de las pensiones.

Otro tema vital será Europa. Se ha comprometido a realizar un referéndum sobre la Constitución Europea en 2006 y puede ser un tema delicado del que podría salvarle el no francés. Aunque tendrá que afrontar el tema de la entrada en el euro.

La política exterior no cambiará mucho. Las tropas seguirán en Irak y el apoyo a Estados Unidos continuará inalterable, aunque posiblemente se acerque más a los líderes europeos (sobre todo a Francia y Alemania).

En política interior afrontará la reforma e incremento de la policía y la reforma de la legislación contra el vandalismo. A la vez tendrá que encarar el tema de la inmigración, que ha ayudado a remover el partido conservador.

Por último, a nivel de partido y hacia los electores, debe resolver el asunto de la legalidad de la guerra de Irak, regenerar su imagen, recuperar la confianza perdida y su posición de líder y preparar su sucesión.