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Una cocina que promete

Hace ahora un año que Santiago Domínguez, toda una institución en la Costa del Sol por el restaurante que lleva su nombre, inauguró el también marbellí Ruperto de Nola (Avda. Antonio Belón, 3. Tel.: 952 765 550). Pero si el primero homenajea la cocina más clásica, con excelentes productos -sobre todo pescados y mariscos-, este segundo, sin descuidar la materia prima, es una apuesta culinaria más actual.

El escenario tampoco tiene nada que ver. Ruperto de Nola tiene un cierto aire belle époque, con pinturas originales estilo Art Noveau, sillas en piel roja, muebles negros, mármoles y paredes en verde profundo.

Con todo, lo que importa es la cocina, comandada por Jacobo Vázquez, un joven profesional malagueño que se ha paseado por los fogones de Martín Berasategui, Salvador Gallego o el Santceloni madrileño, donde trabajó durante cinco años. Desde luego se nota este bagaje culinario, porque la suya es una cocina moderna, con mucho equilibrio, que lleva su sello personal; creativa pero sensata, y que no renuncia a las raíces de lo conocido.

La carta es amplia, mucho más de lo habitual, pero la opción más adecuada es decantarse por el menú degustación, cinco platos y dos postres servidos en medias raciones (59 euros, sin vinos). En él se pueden probar cosas como el foie (excelente) con plátano en texturas, la ensalada de anguila (conseguida combinación de ahumados, amargos y cítricos) o una delicadísima crema de patata con huevo poché y trufa. Las láminas de bacalao sobre cama de acelgas y terciopelo de garbanzos es una recreación del clásico potaje andaluz, donde todo sabe a lo que tiene que saber, y en la paletilla de cabrito con pera y yogur de albahaca, la carne tiene un punto perfecto que se complementa con el juego de contrastes de los demás ingredientes. Los postres también están a la altura. Como la bodega: 700 referencias y grandes vinos.