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Un Springsteen intimista canta a la gente corriente

La guitarra, la armónica, algún violín, una trompeta y la voz, sobre todo la voz, son los protagonistas absolutos del último álbum de Bruce Springsteen, Devils & dust, publicado esta semana en todo el mundo. Un trabajo que supone, antes que otra cosa, una vuelta a sus raíces, un viaje honesto al interior de sí mismo. Devils & dust es una hermosa colección de películas protagonizadas por hombres normales, gentes que tienen sueños e ilusiones, canciones de frontera que hablan de amor y de esperanza, de dolor y de soledad, de trabajo y de desamor, de fracaso y de miedo, canciones que, en definitiva, hablan del hombre.

Tras la explosión de rabia ante el 11-S que supuso The rising, su anterior trabajo, en Devils & dust Springsteen ha retomado un tiempo medio tranquilo, sin concesiones al mercado, ajeno a lo comercial y a lo pegadizo, un disco que surge como susurro. Un trabajo que no le va a servir para aumentar su fama, pero sí para acrecentar su prestigio como contador de historias. En Devils & dust Springsteen se viste de nuevo de cantautor, y, bajo esa piel, se dispone a retratar un mundo rural, alejado de las autopistas y de los callejones, apartado de los héroes y de las grandes ideas que dominaron muchos de sus discos anteriores.

Devils & dust es la culminación de una trilogía de discos semiacústicos que nació en 1982 con Nebraska, y que continuó en 1995 con The ghost of Tom Joad. Estilística y temáticamente es muy evidente el hilo que une estos tres discos, si bien Devils & dust contiene una mayor instrumentación. Las canciones descarnadas de Nebraska aparecen ahora acompañadas, mucho más de lo que lo estuvieron en The ghost, de diferentes instrumentos: armónicas hirientes y violines tristes, órganos y pianos soñadores y algún sitar, sonidos que vienen a recrear la mágica atmósfera del sur de los Estados Unidos. El sur de Faulkner, pero también el sur de los desiertos y la frontera con México, esa zona de nadie que corta como un hacha el Río Grande.

En ese territorio mítico ha situado el cantante de Nueva Jersey este disco maduro e íntimo, producido por Brendan O'Brien y creado sin la colaboración de su famosa banda, The E Street Band. Un trabajo que rebosa poesía, en las letras y en las armonías, y sinceridad en su empeño de crear una obra que le aleje de las listas de éxitos. Sin embargo, la gran paradoja del disco es que, a pesar de su tono íntimo, todas las canciones destilan energía, con una voz imponente y educada para llegar al fondo de quien la escucha. El álbum incluye un DVD con cinco canciones totalmente acústicas y comentarios del artista.

Recién comenzada su gira americana, en la que actúa solo, sin otra compañía que una guitarra, una armónica y un piano, en junio Bruce Springsteen llegará a España para ofrecer dos conciertos, en Barcelona (1 de junio) y Madrid (2 de junio).