Consejo

Miguel Boyer, relevado de la Presidencia de CLH

El Consejo de Administración de la compañía acaba de relevar a Miguel Boyer como presidente de CLH, con el apoyo del 75% del accionariado de la empresa. Este movimiento ha sido impulsado por Repsol y Cepsa, que suman casi el 40% del capital de CLH. Sin embargo, para cerrar el relevo se necesitaba un 60%, así que estas compañías han contado con el apoyo de los accionistas canadienses de Enbridge, que tiene un 25% de CLH, y el 5% de Oman Oil. En total, un 75% de los accionistas avalan el relevo.

Miguel Boyer ha sido Presidente de CLH desde 1999 ­nombrado durante el gobierno Aznar¦mdash;de la mano del ex presidente de Repsol, Alfonso Cortina. Miguel Boyer fue ministro de Economía y Hacienda socialista en el 82 y se distanció del PSOE hasta pedir el voto para Aznar en 1996. Desde entonces, ha sido un hombre cercano al ex presidente del Gobierno, con el que colabora como patrono de la fundación FAES.

El sucesor de Miguel Boyer será José Luis López de Silanes, un hombre de Brufau ­el actual presidente de Repsol¦mdash;. López de Silanes es uno de los consejeros que apoyó la fusión energética entre Gas Natural e Iberdrola impulsada por el propio Brufau.

El nombramiento de López de Silanes supone también la salida del consejo de administración de Ramón Blanco, ex consejero delegado de la petrolera que llegó a CLH el pasado mes de enero con la promesa de convertirse en su presidente ejecutivo, lo que no prosperó.El consejo de CLH acordó también ratificar en su puesto al actual consejero delegado de la compañía, Eduardo Llorens.

En la designación de López de Silanes ha pesado su larga trayectoria de más de 20 años en la empresa, compañía en la que participó decisivamente en su creación en 1991, desde la antigua Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos (Campsa), en la que ingresó en 1971. De hecho, dirigió durante ese periodo el Plan estratégico de CLH para su modernización y transformación en la actual empresa logística, en un etapa en la que se dobló su red de oleoductos, hasta alcanzar los 3.500 kilómetros, y en la que se multiplicó por cuatro la productividad de la plantilla.