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Tribuna
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Paridad, más allá de las formas

Superado momentáneamente el efecto mediático de las dádivas políticas con las que se acostumbra a obsequiar el Día de la Mujer Trabajadora, y pasado más de un mes de su celebración, conviene detenernos precisamente en la incidencia de alguna de ellas. En concreto en el paquete de medidas que el Gobierno aprobó en Consejo de Ministros y que fueron publicadas en el BOE de 21 de marzo.

Llama la atención que, aunque se trata de 53 propuestas (la mayor parte de las cuales se centra en el ámbito de la Administración del Estado), la que más repercusión ha tenido en los medios de comunicación es la que anuncia incentivos económicos a las empresas que integren a mujeres en su órganos de gobierno y dirección.

¿Cuál es la voluntad del Gobierno? Si leemos atentamente su exposición de motivos obtendremos una respuesta de naturaleza esencialmente formal. Parece necesario concienciar a la sociedad de que las mujeres pueden y deben ocupar puestos de responsabilidad. Para ello, se opta por una estrategia de 'visualización': es preciso sacar a las mujeres de la 'invisibilidad' y colocarlas en puestos de proyección externa. Con ello, supuestamente la sociedad ha de acostumbrarse a la idea de que las mujeres no sólo desarrollan con su papel reproductivo una importante (esencial) función social y contribuyen, en la mayoría de las ocasiones como 'segundo ejército', al progreso productivo y económico, sino que también lo dirigen. Del mismo modo que no ha de extrañar la imagen de una mujer ostentando el cargo de vicepresidenta del Gobierno, o de presidenta del Tribunal Constitucional, tampoco lo ha de ser la de directora general de una gran empresa...

Con el acceso de las mujeres a los órganos de gobierno de las empresas esperamos un verdadero cambio en los sistemas de organización

Lo paradójico es que, en la actualidad, puede sorprendernos más encontrar un educador de guardería o de educación infantil, o un telefonista, o un secretario de dirección, o un cajero de supermercado....

No vamos a entrar en el perverso debate sobre el valor intrínseco de las diferencias (en general) o del sexo (en particular) como supuesto matiz (para algunos) de los factores de capacidad y mérito, menos cuando la labor doctrinal, normativa y jurisprudencial ha consagrado y refrendado la legitimidad de las medidas de acción positiva e, incluso, de las de discriminación inversa. Aunque es preciso cuestionar la labor pedagógica que en este punto están jugando los poderes públicos, en la medida en que no siempre refuerzan suficientemente la idea de que no se trata de promover sin más el papel de la mujer en determinados puestos, sino el de romper con la injusticia que supone que determinadas mujeres con formación y competencias acreditadas no accedan a ellos por el simple hecho de ser mujeres.

No cabe duda de que lo que se pretende romper es con la idea, reflejada sin pudor en algunas sentencias como parte de los argumentos de los letrados de algunas empresas, de que el hecho de que sean mayoritariamente las mujeres las que se dediquen a asumir en todo o en parte las labores domésticas (o su dirección), les resta capacidad, concentración o dedicación a unos quehaceres empresariales de gran repercusión económica y financiera. Ello explica el escaso número de promociones femeninas de 'alto nivel' y el perfil de las que finalmente las han conseguido.

En este punto debemos formularnos una segunda pregunta: ¿por qué es necesario incentivar el papel de las mujeres en los órganos de dirección? O quizás mejor, ¿en qué medida será equivalente el gasto público que esta medida (aún por concretar) conllevará, con el beneficio que de ella obtendrá la sociedad?

Para contestarla debemos adentrarnos en la compleja distinción entre sexo y género, tan presente en la doctrina especializada, como ignorada por gran parte de los ciudadanos. ¿Qué es de esperar de una empresa que integre a mujeres en los órganos de gobierno? ¿Simple paridad? Sería un cambio para seguir igual. Puro marketing blanco.

Más allá de las formas, esperamos un cambio de modelo en el que referirnos a las 'políticas de diversidad' sea algo más que un eslogan para conseguir la acreditación de 'empresa socialmente responsable'. Con el acceso de las mujeres a los órganos de gobierno de las empresas esperamos que se opere una verdadera transformación de los sistemas de organización, que signifique el reconocimiento de todos aquellos factores que históricamente han caracterizado el trabajo femenino y la supresión de parte importante del peaje que las mujeres han tenido que pagar en su trayectoria profesional.

¿Será la concreción de este paquete de medidas tan ambicioso?

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