Tras una larga enfermedad

Muere a los 81 años el príncipe Raniero de Mónaco

El Palacio del Principado de Mónaco ha anunciado minutos antes de las 8.30 de esta mañana la muerte de Raniero, a los 81 años. El regente de uno de los estados más pequeños del mundo se encontraba ingresado desde hacía casi un mes debido a una infección broncopulmonar. La muerte de Raniero se ha producido en el centro Cardio-torácico de Montecarlo a las 6.35. Junto a él se encontraba su hijo Alberto, que asumió la regencia la pasada semana. Según fuentes del palacio, los funerales no se celebrarán hasta pasada al menos una semana.

El soberano tenía una salud muy delicada en los últimos años, que había derivado finalmente en problemas broncopulmonar, cardíaco y renal que habían motivado su hospitalización el 7 de marzo.

El ministro de Estado de Mónaco, Patrick Leclercq, hará un anuncio oficial "en las próximas horas", según precisa la nota de prensa oficial enviada por el Principado.

55 años en el trono de los Grimaldi

Debido a la gravedad de Raniero, el pasado 30 de marzo el el príncipe Alberto asumió la regencia del Principado, uno de los países más pequeños del mundo con apenas 1,95 kilómetros cuadrados y 32.000 habitantes, de los cuales poco más de 6.000 tienen la nacionalidad monegasca.

Raniero III encabezó durante 55 años el estado mediterráneo, siendo el monarca europeo que más tiempo llevaba al frente del trono. Su matrimonio con la actriz estadounidense Grace Kelly llenó de glamour a la casa de los Grimaldi, una de las dinastías más antiguas de Europa.

El 'príncipe constructor'

A lo largo de su principado, Rainiero de Mónaco transformó el principado de opereta que heredó en 1949 en una plaza financiera mundial a golpe de ventajas fiscales para grandes fortunas y empresas, y en un tupido bosque de hormigón que ha ido ganado terreno al mar gracias a trabajos hercúleos.

Durante medio siglo, Raniero III ha dirigido el Estado conocido como la Roca como si de una empresa se tratara, lo que le ha valido sobrenombres como el de El Patrón o el príncipe constructor. El príncipe, siempre presente en las revistas del corazón, impulsó el nacimiento vertical de 90.000 metros cuadrados de edificios de oficinas, al pie del castillo de los Grimaldi en el barrio de Fontvieille, que albergan empresas con un volumen de negocios de más de 600 millones de euros. Pero por encima de todo, convirtió a Mónaco en una plaza financiera internacional, con fama de paraíso fiscal y bancario que lo situó en el año 2000 en su lista negra de países que no cooperan contra el lavado de dinero.