Líneas rectas en el Guggenheim
Juan Ignacio Vidarte dirige el museo desde un espacio funcional y ordenado
Una piensa que cuando va a traspasar la puerta del despacho del director del Guggenheim se va a encontrar con un espacio tan sorprendente como el envoltorio exterior del propio museo. Sin embargo, la experiencia es muy diferente. El despacho donde trabaja el director del Museo Guggenheim de Bilbao, Juan Ignacio Vidarte, es austero, de líneas muy rectas y, a primera vista, todo y nada llama la atención. Poco a poco se descubre que el espacio está muy estudiado y que todo se ha sacrificado a favor de la funcionalidad y de la estética más sencilla para que reine un orden escrupuloso. Todo el archivo está a la vista, pero de un modo armonioso y ordenado.
El mobiliario, diseño del arquitecto Frank Gehry, es de líneas limpias, rectas y realizado en pino oregón. A Juan Ignacio Vidarte le gustan las mesas grandes y siempre limpias de papeles, por lo que el arquitecto canadiense le diseñó una que recuerda la proa de un barco. Uno de los laterales, de más de dos metros de largo, lo utiliza para trabajar. En el vértice ha colocado el ordenador y en el otro lado de la proa, siguiendo la línea de la pared, otra gran superficie donde ordena los catálogos de exposiciones del Guggenheim.
Las paredes son de color blanco y el suelo lo cubre una impecable moqueta beige. También hay corchos en los que se pueden ver los primeros planos del museo o un dibujo de una obra de Paul Klee que le regaló su hija cuando tenía nueve años.
Defiende una gestión 'moderna y eficaz para las entidades culturales'
Vidarte también tiene una mesa redonda donde se reúne con su equipo. No es difícil imaginarse una jornada de trabajo en este despacho. La pared frontal está cubierta por un sistema de paneles blancos donde se puede escribir. Todavía se leen algunas palabras que definen la última reunión. Para Vidarte, el equipo 'es un gran activo que hay que saber gestionar. Mi modelo es el del trabajo participativo y enriquecedor'.
Trabaja con 98 personas y el perfil por el que se optó fue el de profesionales jóvenes y con mucha formación. Su proyecto más inmediato es la exposición de las siete obras de Richard Serra que el Guggenheim ha adquirido recientemente. 'Es el mayor proyecto que ha abordado el museo desde su apertura', comenta Vidarte. Destaca con entusiasmo que estas obras 'darán una mayor estabilidad y solidez a la colección permanente sin perder el dinamismo en las exposiciones rotativas'. Hasta la fecha, el museo ha invertido 90 millones de euros en obras de arte.
El director del Guggenheim de Bilbao es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Deusto (Bilbao) e hizo el posgrado de Negocios y Desarrollo Urbanístico Regional en Boston (Estados Unidos). Además de dirigir el museo, es responsable de los proyectos internacionales de la Fundación Guggenheim.
Su objetivo es gestionar el museo 'con eficiencia, sin sacrificar la razón de ser del museo'. Vidarte defiende una gestión 'moderna y eficaz para las entidades culturales'. En este sentido, considera que los buenos resultados económicos no están reñidos con el fundamento último de un museo o de cualquier otra entidad ligada al mundo de la cultura. Asegura que han llegado a autofinanciarse en el 75%. Es un caso único en Europa. Además, con sus 7,3 millones de visitantes desde que se abrió en 1997, el museo ha generado una actividad económica que alcanza los 1.300 millones de euros.
El director del Guggenheim señala que son 'bastantes pioneros en este tipo de gestión'. Añade que 'a veces no se nos entiende porque se piensa que el rigor en la gestión va en detrimento del fundamento de una entidad cultural, pero creemos que si las cosas se hacen como nosotros las entendemos va a ir en beneficio de todos. Pensamos que es un modelo coherente'.
Sus valores en la gestión están orientados hacia tres factores: 'La calidad, los clientes y los datos económicos'. Vidarte resume que el museo está concebido en tres ideas pilares: el edificio, la programación cultural y la gestión.
El regalo de despedida de Gehry
Trabajar en un edificio tan singular como el Museo Guggenheim de Bilbao es, en opinión de Juan Ignacio Vidarte, muy estimulante e inspirador aunque añade que tanto él como su equipo lo viven con naturalidad.Comenta complacido la buena relación que desde el principio del proyecto mantuvo con Frank Gehry. El genial arquitecto, antes de despedirse, le regaló una obra del artista norteamericano Arnoldi. Es la única que hay en su despacho. Se trata de un cuadro de ramas entrelazadas que a la vez es una escultura porque crea un espacio.Vidarte también guarda entre sus archivadores otro obsequio que le hicieron cuando presentaron la exposición 5.000 años de cultura china. Es un buda desperezándose y representa la relajación.Pero lo que reina hoy en su despacho es un gran panel blanco en el que se estudia la disposición de las siete obras de Richard Serra, que pronto formarán parte de la exposición permanente del Guggenheim.