_
_
_
_
_
Tribuna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

Plan económico o inventario de intenciones

El Plan de Dinamización de la economía presentado por el Gobierno incorpora la creación de nuevos órganos y organismos que, según el autor, aumentarán la dimensión del sector público. En su opinión, esto no es una buena receta para ganar competitividad

Los empresarios que asisten habitualmente, en ocasiones como patrocinadores, a los desayunos, comidas y cenas colectivas que basados en la conocida fórmula de discurso-coloquio, se celebran en los madrileños hoteles Ritz, Palace, Wellington…, llevan 11 meses comentando a quien les escucha la necesidad de conocer los planes del Gobierno en materia económica.

No es cierto, como con frecuencia suele considerarse de manera errónea, que el conjunto del empresariado desee una orientación liberal de la economía. A fin de cuentas, entre los empresarios los hay de todas las tendencias ideológicas, de todos los sectores económicos, de todos los tamaños empresariales… Es más, los hay que añoran épocas pasadas de orientación dirigista y proteccionista en nuestra economía.

Sin embargo, existe una cuestión que levanta unanimidad absoluta entre nuestro empresariado: es necesario que exista un plan económico que defina las coordenadas que van a marcar la actuación de la autoridad económica. Al anunciar con dicho plan el sentido de su futura actuación política en los campos fiscal, laboral, industrial, presupuestario…, el Gobierno genera las condiciones que permiten a los empresarios conocer el entorno en el que se va a desarrollar su actividad y adoptar, en base al mismo, sus decisiones empresariales. Por el contrario, el desconocimiento de la orientación económica del Gobierno genera incertidumbre para el futuro y como es sabido, ése es el peor virus para la salud empresarial, virus que acarrea como síntomas la ausencia de decisiones, el retraimiento en la inversión y en la creación de empleo.

Pues bien, llegado el nuevo Gobierno en abril de 2004, se inició un periodo de incertidumbre respecto a sus planes e intenciones en el campo de la economía, que siendo inicialmente inevitable, se ha prolongado más de lo necesario, de lo conveniente y de lo razonable, pues hasta hace unos días el Ejecutivo no ha hecho público su primer plan económico.

No es gratuito recordar que de acuerdo al diccionario de la Real Academia, un plan económico sería un modelo sistemático en el que se precisan los detalles para ordenar la previsión y ejecución de una actividad económica. Evidentemente lo que el Gobierno hizo público el pasado 25 de febrero tras la celebración del Consejo de Ministros no tiene esas características, juicio en el que ha habido coincidencia general.

El llamado Plan de Dinamización de la Economía e Impulso de la Productividad no detalla medidas concretas, no incorpora dotación presupuestaria para su ejecución, no prevé un calendario de aplicación, no evalúa su impacto económico, no va acompañado de una memoria explicativa… Realmente se trata de un inventario -bastante difuso- de 100 intenciones, sobre las que se pueden realizar varias afirmaciones:

l Muchas no son nuevas. ¿Cuantas veces se ha anunciado el fomento de los arrendamientos de viviendas y la creación de la Agencia Pública del Alquiler?.

l Muchas tienen poco o nada que ver con la productividad. ¿Qué resultados se esperan en esa dirección por someter al IVA determinados servicios del operador público Correos?.

l Muchas incorporan la creación de nuevos órganos en el sector público, entre otros: la ya citada Agencia Pública del Alquiler, la Unidad de Impulso a la Productividad, un organismo regulador en el sector del Transporte, otro órgano regulador en el sector de servicios postales.

El primero y el segundo de los bloques citados no aportan nada a la finalidad del plan, o por no ser nuevos o por no tener vinculación con la productividad. En cuanto a la proliferación de nuevos órganos y organismos, confiemos en que no vayan en línea opuesta a la pretendida, dado que aumentar la dimensión del sector público no es, de entrada, una buena receta para que la economía española gane competitividad.

Casi coincidiendo en el tiempo, en el informe del comité de sabios de RTVE se apuntan algunas propuestas ciertamente preocupantes. A modo de ejemplo, siendo obvio que la solución al problema del déficit de RTVE pasa porque ésta sea cada vez 'más empresa', el método ideado para la designación de su director general va en la línea opuesta. En efecto, que se necesiten seis votos de un órgano de ocho miembros -consejo de administración- en el que hay dos representantes de los sindicatos, otorga a éstos en la práctica un derecho de veto sobre el nombramiento del citado director general, circunstancia que no presagia nada bueno sobre el futuro comportamiento de la productividad de RTVE.

Se constata así que la preocupación por la tardanza en conocer el primer plan del Gobierno en materia económica, (así como el informe sobre RTVE), se ha tornado en decepción por lo insatisfactorio de su contenido. Por eso tal y como dicen los paisanos granadinos de Enrique Corona cuando son pesimistas respecto al futuro, concluiremos que con esta (des)orientación en la economía española, 'el que no se muera este año, le va a pesar'.

Archivado En

_
_