Comisión Europea

Barroso cumple 100 días de pragmatismo y desbarajuste

José Manuel Durão Barroso cumple mañana 100 días al frente de la Comisión Europea. El periodo de gracia expira entre el pragmatismo de las iniciativas del portugués y el desbarajuste que cunde en la prime-ra Comisión con 25 miembros.

Desde que asumió la presidencia de la Comisión el pasado 22 de noviembre, Barroso ha convertido el pragmatismo en una seña de identidad de su mandato. Las principales iniciativas en sus 100 días de presidencia han buscado desactivar las quejas más intensas de ciertas capitales.

Barroso ha ofrecido a Francia una revisión a la baja de la ambiciosa directiva de liberalización de servicios aprobada por la Comisión de Romano Prodi. Alemania ha obtenido también la promesa de que se suavizará la nueva regulación del sector químico, que en su borrador actual podría exigir la verificación en laboratorio de los efectos de más de 30.000 sustancias.

Hasta ahora, el único envite importante del portugués ha sido defender la propuesta de gasto de la Comisión para el periodo 2007-2013, a pesar de las incansables peticiones de recorte de Berlín, Londres y París.

La actitud contemporizadora del presidente provoca dudas sobre su capacidad para mantener las independencia de la Comisión. 'Barroso se está preparando su propio fracaso', ha sentenciado al respecto el columnista Wolfgang Munchau, en el influyente diario Financial Times. Una opinión que no es unánime.

Paul Hofheinz, presidente del centro de estudios The Lisbon Council, considera 'un sin sentido la acusación de que Barroso estará sometido a París y Berlín'. Hofheinz valora positivamente que el portugués haya renunciado al enfrentamiento con las capitales que caracterizó el mandato de su antecesor, Romano Prodi. 'Aún no sabemos si el nuevo planteamiento funcionará, pero está claro que el de Prodi no lo hacía'.

Los partidarios de Barroso aseguran que su modelo de consenso aspira a replicar el éxito de Jacques Delors, cuya presidencia (1985-1995) impulsó el mercado interior y la unión monetaria. Prodi reivindicó el mismo ejemplo. Pocos creen que lo repitiera.

El peso del vicepresidente alemán

La nota dominante del mandato de Barroso, además del pragmatismo, es el desbarajuste que cunde todavía en la nueva Comisión. Se trata, quizá, de una circunstancia comprensible en un equipo formado por personas de 25 nacionalidades procedentes de grupos políticos rivales. Y Barroso afronta la dificultad añadida de presidir la primera Comisión en la que cada uno de los cinco grandes (Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y España) sólo cuentan con un representante.

El portugués ha intentado racionalizar el funcionamiento de su equipo agrupando a los comisarios por tareas y asignando la coordinación a uno de ellos. Los celos y recelos no han tardado en surgir, sobre todo, en el área económica, en la que el vicepresidente alemán, Gunter Verheugen, intenta asumir un poder cercano al veto sobre sus homólogos. Verheugen ha advertido a sus colegas que no aceptará ninguna iniciativa que ponga en peligro la competitividad de la industria europea. Aunque el voto de todos los comisarios vale igual, en las palabras de Verheugen pesaba el respaldo de Berlín.